viernes, 26 de junio de 2020

La niña perdida, de Elena Ferrante


"Tuve la sensación de haberme topado con una enésima prueba de lo espléndida y tenebrosa que era nuestra amistad"

            La niña perdida es el cuarto y último volumen de la serie de cuatro libros que Elena Ferrante empezó con La amiga estupenda, reseñado más abajo. Esta serie que cuenta la vida de Lenú y Lila desde la infancia hasta la madurez teniendo como telón de fondo la Italia de los años cincuenta sesenta y setenta, y más concretamente la ciudad de Nápoles, es mucho más que la historia de una amistad debido a eso, pero también debido a otros elementos que enriquecen la ficción hasta convertir su lectura en una apasionante experiencia que nadie debiera perderse.
            La maestría narradora de la autora se consuma en su habilidad para entretejer muchas otras historias alrededor de la de las dos amigas, que la enriquecen y la ensanchan, convirtiéndola en un fresco de la Italia de aquellos años, del engranaje del poder, del trabajo de las editoriales, de la efervescencia política, del compromiso de los jóvenes y su deseo de cambio, del despegue de la emancipación femenina, de las exigencias del matrimonio y de los hijos, e impregnándolo todo la violencia y la corrupción,  que se cuela en sus familias y entre los amigos del barrio de Nápoles donde nacieron.
            Qué profundidad al retratar psicológicamente a sus personajes, qué sutileza al analizar sus emociones, qué sabiduría al analizar la relación entre las dos mujeres, huyendo siempre del maniqueísmo, mostrando certeramente su personalidad poliédrica, compleja, qué disfrute dejarse seducir por su escritura. No voy a desvelar el argumento, a todos nos gustan las sorpresas.

domingo, 31 de mayo de 2020

Los errantes, de Olga Tokarczuk


"Muévete, no pares de moverte. Bienaventurado es quien camina."

         Olga Tokarczuk, la escritora polaca que recibió el premio nobel de literatura de 2018 en 2019, ya había sido reconocida con el premio Man Booker International por Los errantes, la novela de la que os quiero hablar hoy aquí. Los errantes fue publicada por primera vez en polaco en 2007, con el título Bieguni  (el nombre de una secta eslava -posiblemente ficticia- cuya vida consiste en el movimiento constante para así poder escapar de las garras del diablo) y de su novela dice la autora:
"no es un libro de viajes... No es un diario de viaje ni un reportaje. Pretendo mirar más allá de lo que significa viajar, moverse, desplazarse."
         Entonces ¿qué es? porque no estamos ante la estructura clásica de la novela que cuenta una historia con un comienzo, un nudo y su correspondiente desenlace. Estamos antes que nada ante un mosaico de historias de diferente índole que van desde el apunte de viajes tomado a vuelapluma a una narración más estructurada como la que tiene como protagonista a Kunicki, un hombre que pierde a su mujer y a su hijo en un viaje a una isla croata (que además interrumpe y luego retoma al final del libro) o la de los viajes del doctor Blau, o la que cuenta cómo Ludwika consigue introducir en Polonia el corazón disecado de su hermano Chopin o la biografía ficticia de Philip Verheyen, el científico holandés del S. XVII que escribía cartas a su pierna amputada... Encontramos también una narración epistolar como las cartas que dirige a Francisco I la hija de Solimán pidiendo que le devuelva el cuerpo momificado de su padre y alguna tan emocionante como el encuentro de la narradora con el amante de la adolescencia que le pide el último favor.
         La idea que da sentido a esta aparente maraña narrativa, es la idea del viaje, de lo que supone ir más allá del puro desplazamiento (el libro se titula en inglés Flights). Nosotros, con nuestros aeropuertos y con nuestras rutas aéreas somos los modernos Errantes, siempre en fuga, huyendo del tiempo, el auténtico protagonista de la novela, y por eso se recrea en  contar la historia de los embalsamientos, del esfuerzo humano por salvar el cuerpo de la corrosión de los años, y así comienza con los coleccionistas de monstruosidades (malformaciones conservadas en diferentes mixturas) del S. XVII, los modelos de cera, la plastinación y termina en la actualidad con la preservación polimérica.
         Es un libro grandioso porque abarca infinidad de contenidos y un sinnúmero de estructuras y géneros literarios, un compendio muy personal y a la vez de grandísimo interés para un lector avezado. Un consejo, absténganse neófitos de la literatura y cerebros oxidados: Olga vuela alto.

sábado, 9 de mayo de 2020

La amiga estupenda, de Elena Ferrante



"Tú eres mi amiga estupenda, tienes que llegara ser la mejor de todos"

Por fin he leído La  amiga estupenda y ha sido un descubrimiento maravilloso. Había oído hablar de esta mujer ( no sabemos nada cierto de ella) y de su habilidad para contar, pero no me imaginaba que su destreza literaria iba a devolverme a la adolescencia, a aquella época en que devoraba libros sin parar, cuando leía en cualquier sitio, a cualquier hora del día, en cualquier momento del año, escondida incluso para que nadie me interrumpiese (mi madre siempre preocupada, no leas tanto, vas a dejarte la vista en los libros, como así ha sido). ¡Qué admirable habilidad la del escritor capaz de sustraernos a la realidad con tal intensidad que no reparamos en tiempo, ni en familia, ni en amigos, prefiriendo su abrazo portentoso que nos engulle para luego devolvernos a otra realidad, mucho más interesante que la nuestra por lo general. Y si no lo es, el autor hace que lo veamos así. ¡Quién tuviera tal poder!
He habitado en los últimos días un barrio pobre de las afueras de Nápoles en las décadas de los cincuenta y los sesenta y he sido testigo de la amistad entre Lenu y Lila, desde que se hacen amigas inseparables de pequeñas (precioso ese juramento de amistad que es el episodio de las muñecas) hasta que se hacen adolescentes y Lila se casa con sólo dieciséis años.
Lenu es la narradora y a través de sus ojos somos testigos de la violencia y la pobreza del barrio, y de las relaciones que se establecen entre sus moradores (menos mal que al principio se dedican un par de hojas a explicar quién es quién; hay muchísimos). El hilo que vertebra la narración es la relación entre las dos amigas, la bondadosa y estudiosa Lenu y la inteligentísima y ¿mala? Lila. Es una relación de fidelidad sí, pero también de competencia, la una el espejo invertido de la otra, aunque conmueve la dependencia de Lenu con respecto a su amiga.
A la infancia le sigue la adolescencia donde la relación  entre ellas se hace más compleja si cabe, al tiempo que a través de la Lenu adolescente somos capaces de entrar más adentro en la psicología de los personajes del barrio, los enfrentamientos entre los chicos, las alianzas entre las chicas, las rencillas familiares con el trasfondo político de la posguerra, el mercado negro y la corrupción.
Salir de aquello no es fácil. Lenu es la primera que lo consigue. Gracias a sus logros como estudiante hace el bachillerato en Nápoles y poco a poco comienza a separarse primero de Lila y después de sus amigos y familia. Es en la boda de Lila cuando toma conciencia de lo diferente que es a todos ellos, de su falsa pertenencia y donde apura hasta el fondo su soledad. Lila, por su parte, consigue escapar de la miseria llevando con ella a su familia al casarse con uno de los chicos más ricos del barrio, pero Ferrante no nos va a permitir que acabemos el libro sin que sopesemos su significado al completo, gracias a un mínimo detalle. ¿Cómo no voy a salir a por el siguiente volumen en cuanto abran las librerías?


jueves, 30 de abril de 2020

Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlin



"La historia lo es todo"
            No suelo hablar de la vida de un escritor en mis reseñas porque la mayoría de las veces no es relevante para el texto, pero en esta ocasión es necesario hacerlo porque la vida y la obra de esta escritora se entrelazan sutilmente una veces y otras de forma obvia (en dos historias que yo recuerde ahora mismo la protagonista es una viuda con cuatro hijos a cargo).
            Lucía Berlin nació en Alaska. Su padre, ingeniero de minas, trasladó con él a toda su familia por yacimientos de Idaho, KentucKy y Montana (lugares que aparecen en sus relatos). Cuando el padre se fue a la guerra, ella, su hermana y su madre se trasladaron a El Paso (Texas) donde asistió a un colegio de monjas en el que ella era la única niña protestante (experiencia que cuenta en Estrellas y Medallas). A su vuelta se instalaron en Chile donde pasó a ser una niña americana de clase media a una señorita de clase alta, lo que se refleja también en sus historias. Comenzó a escribir después de pasar por la Universidad de Nuevo México y se casó tres veces, la última con el músico de jazz, Buddy Berlin. Se divorciaron en 1968 y las dos décadas siguientes las pasó en California haciendo diferentes trabajos para sobrevivir: profesora, recepcionista, ayudante de enfermería, limpiadora... Todas estas experiencias, además de su adicción al alcohol y posteriores desintoxicaciones quedan reflejadas también en sus relatos: La lavandería de Ángel, Su primera desintoxicación, Step, Strays...cuentan con una protagonista alcohólica. En Punto de vista estamos ante una recepcionista, en El Tim ante una profesora de español, en Mi jockey ante una ayudante de enfermería, en Manual para mujeres de la limpieza, con una limpiadora... También relata sus viajes a México para visitar a su hermana enferma de cáncer en la tristísima Espera un minuto. En 1994 consiguió una plaza en la Universidad de Colorado como profesora asociada. Allí pasó los últimos años de su vida hasta 2001 cuando volvió a California para estar cerca de sus hijos. Murió en 2004 de cáncer de pulmón.
            Uno de sus hijos dijo después de  su muerte algo así como que su madre escribió historias auténticas, no necesariamente autobiográficas, pero casi. Se trata de un tipo de narrativa que se llamaría posteriormente auto-ficción, la narración de la propia vida contada de una forma artística. El mismo hijo reconocía que los recuerdos de su familia estaban tan reformados, embellecidos y recreados que muchas veces no sabía lo que realmente ocurrió. La propia autora reconoció que exageraba, que mezclaba ficción y realidad, pero que no mentía. Desde luego inventaba cosas, pero también lo es que pensar que pudieron ocurrir les añade verosimilitud.
            Dejando a un lado el contenido de sus relatos, quiero centrarme ahora en el artificio, en esa fórmula tan personal que convirtió todo aquello en ficción. hay un finísimo hilo que separa a la narradora de la protagonista, pero existe, lo hay. Es la narradora la que usa hermosas metáforas como "Muñoz descansaba inconsciente, un diminuto dios azteca. Como su ropa era tan complicada (intenta desnudarlo) era como si estuviera llevando a cabo un elaborado ritual.... como en Mishima donde se usan tres páginas para quitarle el kimono a la mujer... Acaricié su hermosa espalda, que se estremecía y brillaba como la de un potro" cuenta en Mi hockey. Me maravilla su fino oído para capturar el habla popular; hay muchísimos ejemplos de ello pero digamos que en el relato que da título al libro se percibe más concentrado ya que aquí la protagonista usa diferentes autobuses que hacen parada en diferentes barrios donde las mujeres suben y bajan produciendo una variedad lingüística riquísima. Asombra también la atención que muestra a los detalles mínimos y cómo confrontándolos crea imágenes inolvidables. Su habilidad técnica queda reflejada en pequeñas frases que son joyas: "Las mujeres de la limpieza roban.... todo lo que yo robo son pastillas para dormir. las guardo para los días lluviosos" porque en una sola línea nos desvela el sentido profundo de la historia.  La voz narradora de Lucía Berlín es una voz compasiva y distante a la vez cuando muestra las debilidades del ser humano; no se alza crítica, no juzga, sólo muestra lo que ve con una economía del lenguaje que me hace recordar el estilo de R. Carver.
Disfrutad de estas historias, leedlas poco a poco, tendréis para vosotros solos durante mucho tiempo la azarosa vida y la destreza literaria de Lucía Berlin.


martes, 21 de abril de 2020

Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout



"Pero esta es mi historia. Esta. Y mi nombre es Lucy Barton"

            Elizabeth Strout es una escritora ya muy conocida para los lectores gracias a su novela Olive Kitteridge (Premio Pulitzer 2009) y más aún por la adaptación que de ella hizo HBO para la televisión (que también os recomiendo, con la siempre maravillosa Frances McDormand como protagonista)
            Sé que llego tarde para hacer la recensión de esta novela. Ha tenido que ocurrir un confinamiento en el más estricto sentido del término para obligarme a poner al día tantas lecturas retrasadas. Nietszche decía algo así como "un hombre leído hasta la ruina", pues algo así, pero en versión femenina.
            La novela de Elizabeth Strout gira en torno a la relación afectiva  entre la protagonista, cuyo nombre da título al libro, y su madre. Lucy está en el hospital aquejada de una enfermedad sin diagnosticar y su madre, a la que hace años que no ve, pasa cinco días con ella haciéndole compañía. En este pequeño marco,  donde aparecen en ocasiones su médico y las enfermeras que la atienden, Lucy indaga en su pasado desde su infancia en una pequeña granja de Illinois hasta el momento actual, casada y con dos hijas, convertida ya en la escritora que quería ser.
            El libro avanza entre las historias contadas por la madre y la de la propia Lucy. A través de ellas conocemos la solitaria infancia llena de privaciones, el hambre, el frío  y lo que era más duro aún el rechazo social que producía la pobreza en que vivían. El trastorno psicológico  que sufre el padre tras volver de la Segunda Guerra Mundial, la represión emocional  de la madre (es incapaz de decirle a su hija que la quiere) en su lucha por la supervivencia, la exclusión social.... Lucy intenta darle sentido a todos aquellos recuerdos, sin acritud, sin sentimentalismo, con un  distanciamiento protector que impide que la historia caiga en el drama. Más bien al contrario, asombra la lucidez y la neutralidad con la que narra la escasez económica, cultural y emocional en la que vivió durante tantos años.
"La soledad fue lo primero que saboreé en mi vida, y estuvo siempre allí, escondida en las hendiduras de mi boca recordándomelo"
            Los libros ahuyentaron esa soledad que la convertiría en escritora (recuerda cómo se quedaba leyendo después de la escuela para poder disfrutar del calor que hacía allí hasta que el conserje la echaba). De gran ayuda fue también los consejos que le brinda una escritora ficticia, Sarah Payne, a cuyas clases de escritura creativa asiste durante un tiempo inespecífico. "Be ruthless", le dice, es decir, sé inflexible, dedícate a ello sin concesiones y no te preocupes por la historia que estás contando "sólo tendrás una. Escribirás tu única historia de maneras diferentes". Lucy intenta contarnos su historia de diferentes maneras en efecto y lo hace desde una mirada bondadosa, a veces cándida, otras perspicaz, usando un lenguaje desnudo, sencillo, que alude directamente a lo representado para exponerlo sin tapujos, ajena a noción alguna de vergüenza,  rencor u odio.
            Al final, cuando su madre muere y su matrimonio se acaba, cuando sus hijas arremeten contra ella por haberse ido.... todo ello se refina y condensa en eso, su historia.
            Olive Kitteridge fue adaptada a la televisión y Lucy Barton ha sido llevada al teatro. Parece asombroso cómo los personajes creados por esta escritora reclaman para sí mismos nuevas versiones y adaptaciones. No lo será tanto si consideramos que uno de los más firmes elogios que se pueda hacer de la literatura sea la capacidad que tiene de permitirnos entrar en la vida de alguien para entendernos mejor a nosotros mismos.

viernes, 27 de marzo de 2020

La única historia, de Julian Barnes


"¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?"

            Con esta pregunta comienza la última novela de Julian Barnes (Anagrama, 2019), otra más de sus buenas novelas. Escrita en la línea de El sentido de un final (que os recomiendo vehementemente) en su análisis y exposición de los meandros del amor, es narrada por un envejecido y desilusionado Paul que cuenta su historia de amor con Susan, una mujer casada mucho mayor que él, desde su comienzo cuando solo tiene 19 años hasta su madurez. Es una historia de amor pero también de crecimiento personal, en la que Barnes reflexiona sobre algunos temas como el amor, el matrimonio, la memoria, las palabras, las convenciones sociales, el papel de la mujer y del hombre... sobre el fundamento de la felicidad.
            De todos ellos es al amor al que más tiempo dedica. Lo analiza desde la concepción de un joven e inexperto Paul en la primera parte (contada en primera persona) que lo define como una fuerza disruptiva y sísmica; el joven identifica amor y verdad, íntimamente convencido de que ambos son inseparables. Su inexperiencia y su desconocimiento del mundo guían sus acciones y sus pensamientos "yo pensaba que se podían amputar trozos de una vida sin dolor ni complicación" (p114). La flema y el distanciamiento con que lo cuenta hace que a veces lo más dramático resulte divertido.
            La segunda parte de la novela (contada en la segunda persona narrativa) se centra en la evolución de la relación que, debido a los reveses de la vida y a la historia que cada uno arrastra consigo, pasa de la felicidad al dolor, a la rabia y a la culpa. Aquí asistimos a la pérdida de la inocencia que acompaña al conocimiento ("la idea de violencia ejercida por maridos con un título de Cambridge me parecía entonces incomprensible" p.103), al descubrimiento de los abismos de las relaciones interpersonales, al descubrimiento de uno mismo y al de la cascada de consecuencias que nuestras decisiones acarrean. Hay sitio también para el análisis social, la crítica de la moral burguesa y para los jóvenes adiestrados en proseguir con  los roles heredados, una juventud remilgada, sin imaginación y falsamente virtuosa que le hace sentir superior.
            En la tercera parte (escrita en tercera persona) el narrador nos detalla el fin de la relación sin mucha demora, para luego extenderse en la vida de Paul sin Susan. Nos relata su vida nómada fuera de Inglaterra, cambiando de trabajo y de relaciones, incapaz de mostrar apego, dañado para siempre por su historia de amor, la única historia, que analiza casi obsesivamente buscando una explicación.
            "Se preguntó si había interpretado mal la imagen indeleble que le había          perseguido toda su vida: la de estar en la ventana del piso de arriba    sosteniendo a Susan por las muñecas. Quizás lo que había ocurrido no fuera   que había perdido las fuerzas y la había dejado caer. Quizás la verdad fuera que ella lo había arrastrado con su peso y que él había caído también."
            Casi al final del libro nos encontramos con esta brillante metáfora, que resume muy bien su única historia. Las reflexiones que desgrana un envejecido Paul en las últimas páginas acerca de la experiencia humana muy bien podrían ser las del propio autor.

viernes, 20 de marzo de 2020

Gente normal, de Sally Rooney


"Qué extraño sentirse completamente bajo el control de otra persona, pero también qué normal"
             La historia de amor entre dos adolescentes irlandeses de Sligo, que se reinicia durante sus estudios en el Trinity College de Dublín y va más allá aún en el tiempo, es de todo menos normal. Pero no me extraña su título, el libro está lleno de ironía soterrada y pullas intelectuales.
                Marianne y Connell son diferentes al resto desde el comienzo del libro. Él, aunque muy popular en la escuela, vive bajo la sombra de un sentimiento de no pertenencia (clase baja, hijo de madre soltera... pero ésta no parece ser la razón) y ella, solitaria, independiente y, aunque de buena familia, vive al margen de una forma poco corriente; ambos se ven atraídos mutuamente por un amor tan apasionado como pueda ser el primer amor. Pero ni siquiera éste es normal, porque está teñido de la completa sumisión de Marianne y el oscuro miedo de Connell a que lo asocien con ella y así, de este modo, su reputación se resienta.
                La pareja vuelve a encontrarse en la Universidad de Dublín, donde ella es la popular y él el marginado, y comienza entonces una serie de encuentros y desencuentros que ocupan la mayor parte del libro. El hecho de que éstos vengan precedidos de imperdonables errores de comunicación hace que el lector acabe impacientándose (¿Por qué no te explicas mejor?, acabas por querer preguntarle a cualquiera de los dos). Otras consideraciones que atañen a la novela son los problemas de clase, la reputación, el desconocimiento de uno mismo y de los demás... Es una novela de personajes, de dos personajes en concreto, Marianne y Connell, porque el resto aparece bastante desdibujado. No es un gran problema desde mis punto de vista que los amigos/enemigos aparezcan sin mayores consecuencias, pero sí lo es en el caso de algunos de ellos. Por ejemplo, la madre de Marianne, Denise, que apenas aparece dibujada al igual que su hermano Alan y, sin embargo, ambos deberían ser piezas fundamentales ya que juegan un papel muy importante en el desarrollo psicológico de la protagonista. La otra madre de la historia, Lorraine, es la madre de Connell; es una madre perfecta, comprensiva y orgullosa de su hijo, pero cuesta creer que procediendo de una familia con un record criminal y habiendo tenido a su hijo con diecisiete años, esto no se deje ver en su personalidad ni en la de la gente alrededor.
                En fin, estamos ante una novela que se lee con interés cuando sucumbes a una historia triste y bien tramada, a unos personajes con los que llegas a impacientarte porque esconden sus emociones tras las palabras, cuando, en definitiva, te pliegas a los meandros de su psicología a veces confusa, a veces brillante. Él lee a Jane Austen, quizás podamos establecer una relación entre los protagonistas de Orgullo y Prejuicio y los protagonistas de la historia: los diálogos ingeniosos, los malentendidos, las interpretaciones equivocadas, el conflicto de clase en la mente del otro...
Sally Rooney es una autora muy joven. Con Conversaciones entre amigos (2017) consiguió el reconocimiento del mundo de las letras, y con esta novela, escrita tan solo un año después, se ha reafirmado como una novelista interesada en la psicología de los personajes; estaremos atentos a su próxima publicación.