sábado, 17 de enero de 2026

Agua negra, de Joyce Carol Oates

"La política, la negociación del poder. Eros, la negociación del poder"

De nuevo os tengo que pedir que no leáis la contraportada, cuenta demasiado. Es mucho mejor leer esta novella sin aviso, descubriendo qué aguas negras son esas, quiénes son Kelly, Buffy o el Senador, ir asimilando lo que está ocurriendo sin tener ninguna referencia. Ni siquiera el Incidente Chappaquiddick. De esta manera te llenarás poco a poco de estas aguas negras, de esa inquietante atmósfera creada por  Oates para contar el accidente de coche de Kelly y el Senador el atardecer del cuatro de Julio, después de abandonar la hermosa casa en la playa en la isla de Maine donde han pasado el día de la celebración de la Independencia de los Estados Unidos comiendo y bebiendo, divirtiéndose, para volver a tierra firme, a una habitación de motel alquilada por el Senador....

El capítulo primero, y en sólo ocho líneas, cuenta ya de entrada cómo el coche derrapa y cae al gua. La última frase se repetirá como un enigma a lo largo del libro: ¿Voy a morir?- ¿Así?

Respirando a duras penas en la pequeña burbuja de aire que se forma en el interior del vehículo Kelly revisa su pasado y visiona su futuro. El monólogo interior se mezcla con la tercera persona omnisciente del narrador para contar las horas previas al suceso, acontecimientos de su pasado y el porvenir que imagina. Pero esto no es algo de lo que el lector es consciente inmediatamente, por lo que llegado el momento no sabemos si lo que cuenta Kelly es real o está en su imaginación. La sensación es la de estar flotando, agarrándote a las palabras para deducir el contexto, una situación muy similar a la de la pobre Kelly agarrada al asiento, respirando el poco oxígeno que queda en el interior del Toyota.

Es J.C. Oates en estado puro. Se queja a menudo de ser una escritora a la que se acusa  injustamente de escribir siempre sobre violencia, porque ella, dice, de lo que habla es de las víctimas de la violencia. Kelly, esta hermosa joven subyugada por el maduro senador, es aquí la víctima, la víctima de la violencia del poder, la víctima de su propia educación, un tipo de educación que convierte a las niñas en adultas sumisas y complacientes.

Y, además, la historia está tan bien escrita....