"Sí, me gusta, pero me gusta otra gente también. No es que me gusten más. Es sobre todo que no me gustan menos."
David Szalay es un
escritor de éxito fuera de nuestras fronteras gracias sobre todo a Todo
lo que un hombre es (finalista del Booker) y a un libro
de relatos, Turbulencias, que le dio fama
internacional. La carne
(Booker Prize 2025) acaba de aparecer en nuestras librerías este otoño
publicado por Feltrinelli y ya está en boca de todo el mundo, acompañado de
disquisiciones literarias e interpretaciones de todo tipo.
La novela cuenta la
vida del joven István desde su
adolescencia en un barrio común de una ciudad húngara, pasando por la guerra de
Irak, una larga temporada en Londres donde accede a lo más selecto de la
sociedad hasta que vuelve a su patria, a su ciudad natal.
El libro se ha
entendido como una novela sobre la masculinidad. Lo que es, lo que significa
ser hombre: sexo, violencia, dinero, éxito, la paternidad... Nuestro
protagonista no es un adalid en nada de esto, aunque pase por todo, más bien
son cosas que le ocurren: primero la acción y después la emoción. Porque István
es un hombre pasivo, distanciado, solitario, que no es feliz, no se siente
auténtico en ese traje de hombre, como si el modelo no le sirviera de nada.
Incapaz de encontrar otro que lo sustituya, vagabundea por su vida incapaz de
actuar; es increíble la cantidad de veces que responde "Es Okey" a lo
que se le propone o pregunta.
Ese distanciamiento
psicológico del protagonista se ve refrendado por un estilo narrativo neutro,
igualmente falto de emoción. La austeridad del lenguaje contribuye a agrandar
la percepción del vacío que le rodea, el aislamiento en el que se desenvuelve,
la falta de finalidad... En pocas palabras, la ausencia de voluntad.
István nos gusta a
pesar de todo porque, aunque apático, es sensible y profundamente vulnerable. Queremos un final
mejor para él, o puede que el que le toca solo sea una forma de protección, la
única forma que tiene de vivir dignamente después de haber sido destruido por
la vida.

