"¿Qué tenía de bueno una vida de lucha si no había garantía de cielo?
Este es el quinto
libro de Ottessa Moshfegh que leo después
de Minombre era Eileen, Mi año de descanso y relajación,
Lamuerte en sus manos y la colección de relatos Nostalgiade otro mundo. Soy una admiradora de esta escritora como se
deduce y después de haberla reseñado en estas ocasiones, me encuentro ahora
perpleja a la hora de hacerlo con su novela Lapvona de
2022. No tengo claro de qué se trata ni cuál es su intención: ¿una versión más oscura y perversa de Ángela
Carter?, ¿una recopilación o refrito de las partes más depravadas de los
cuentos infantiles centroeuropeos?, ¿una adaptación cruel y pornográfica de una
historia nihilista postmoderna?, ¿todo a la vez?, ¿nada de todo esto?.
Os cuento el
comienzo de la historia. En un feudo medieval de un lugar que no se menciona (¿Este de Europa?) Viliam, el
señor de Lapvona, vive aislado en su mansión ocupado solo en divertirse
mientras sus súbditos, fieles creyentes en dios (y las disquisiciones morales
tienen un papel importante), pasan estrecheces. Jude es un pastor que vive con
su maltrecho hijo Marek en los pastos cercanos. Cuando Marek sale al campo,
encuentra al hijo de Viliam y lo lleva a un risco donde le da una pedrada
haciendo que el chico caiga y se mate. Jude lleva a Viliam a su hijo muerto y
éste ordena intercambiar a los hijos, el vivo por el muerto, con lo que Marek
se convierte en el hijo y heredero del señor. Esta vuelta de fortuna (y otras
parecidas) me ha recordado a los antiguos cuentos europeos donde lo imposible
se convierte en real. Cuando Viliam pide a su criada que baile para él mientras
se levanta de la cama es el mismo tipo de excentricidad absurda con que se
adorna a los reyes en dichos cuentos. Pero luego la cosa se complica. Una
sequía extrema lleva a los lugareños al canibalismo, que se cuenta con todo
lujo de detalles en la línea de lo que es esta escritora. Los encuentros
sexuales rozan la pornografía. La crudeza del sexo, la suciedad, el
canibalismo... es todo tan inquietante y obsceno. Es Otessa desatada. También
es ella cuando retrata a sus personajes, distante, cruel y tierna al mismo
tiempo. Y también lo es en el lenguaje, florido, escogido, preciso,
reluciente.... No dejéis de leer Lapvona. Ya me contaréis.