sábado, 20 de marzo de 2021

Ordesa, de Manuel Vilas


 "Mi padre quedaba muy bien dentro del ascensor. Dentro de aquellos ascensores antiguos, de madera, con cristales."

            Ordesa, otro libro esperando por mí en la estantería, esperando con esa paciencia infinita que parecen tener algunos de ellos  a que los recordemos, los tomemos en nuestras manos, los abramos y comencemos a leer. Han tenido que pasar tres años para que lo hiciera y llegado el momento he de reconocer que no me dio ninguna pereza. Es más, lo abrí con entusiasmo, como abriendo un regalo prometido pero largamente postergado.

            Poco sabía de Manuel Vilas cuando mi hermano me lo regaló, que Babelia lo había reconocido como el mejor libro de 2018 y que había gustado a todos y cada uno de sus lectores con los que había coincidido. No había leído nada de él, y bien que lo lamento. Me he encontrado con un escritor y una escritura originales, un libro de memorias que apenas puede llamarse así. Bien es verdad que cuenta pormenores de su vida: su familia, Barbastro, la España de los 60 y los 70, él mismo deviene personaje en su relato.... Pero por encima de sus recuerdos anidan sus reflexiones actuales, sus sensaciones, la melancolía de un pasado teñido por la nostalgia en muchas ocasiones. En otras lo encontramos examinado a través de una lente amarilla  (el amarillo, símbolo del acabamiento, de la muerte, como ya lo utilizara el escritor leonés Julio Llamazares en La lluvia amarilla) o azul (la vida, la esperanza). Otras veces es el rojo (la rabia, la ira, la culpa) y otras el morado (el dolor, la pasión, la pérdida, el abandono, el desamparo...). Hay toda una gama de estados de ánimo desde los cuales el autor revisa su vida, desde la felicidad del mundo infantil al acabamiento del presente.

            Vilas sobrevuela desde los altos parajes del Valle de Ordesa una existencia común, tan común como la del resto de los mortales que han vivido, amado a sus padres, que los han enterrado, que se han casado y tenido hijos y que luego se han divorciado. Pero es suya, propia y original la forma de contarlo. La ironía muchas veces ( tantas otras la parodia) es el artificio literario que utiliza. Canta como en un himno la felicidad, la hermosura y la verdad de la cotidianeidad, de los seres y de las cosas. Como en una letanía va derramando paradojas insalvables y  extraordinarias, hermosas metáforas e hipérboles corrosivas. Sí, es así porque detrás de la sonrisa que arranca se oculta una verdad demoledora que arrambla con todo lo que ha contado, y lo hace con una sensibilidad herida que nos recuerda que Vilas es un narrador que comenzó escribiendo poesía.

            Es un libro magnífico  que tenéis que leer, aunque ya no sea novedad (eso es lo menos importante) porque  esconde un pequeño tesoro que vence la tiranía de las modas y el temible paso del tiempo.

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