miércoles, 4 de noviembre de 2026

La carne (Flesh), de David Szalay

"Sí, me gusta, pero me gusta otra gente también. No es que me gusten más. Es sobre todo que no me gustan menos."

David Szalay es un escritor de éxito fuera de nuestras fronteras gracias sobre todo a Todo lo que un hombre es (finalista del Booker) y a un libro de relatos, Turbulencias, que le dio fama internacional. La carne (Booker Prize 2025) acaba de aparecer en nuestras librerías este otoño publicado por Feltrinelli y ya está en boca de todo el mundo, acompañado de disquisiciones literarias e interpretaciones de todo tipo.

La novela cuenta la vida del joven István  desde su adolescencia en un barrio común de una ciudad húngara, pasando por la guerra de Irak, una larga temporada en Londres donde accede a lo más selecto de la sociedad hasta que vuelve a su patria, a su ciudad natal.

El libro se ha entendido como una novela sobre la masculinidad. Lo que es, lo que significa ser hombre: sexo, violencia, dinero, éxito, la paternidad... Nuestro protagonista no es un adalid en nada de esto, aunque pase por todo, más bien son cosas que le ocurren: primero la acción y después la emoción. Porque István es un hombre pasivo, distanciado, solitario, que no es feliz, no se siente auténtico en ese traje de hombre, como si el modelo no le sirviera de nada. Incapaz de encontrar otro que lo sustituya, vagabundea por su vida incapaz de actuar; es increíble la cantidad de veces que responde "Es Okey" a lo que se le propone o pregunta.

Ese distanciamiento psicológico del protagonista se ve refrendado por un estilo narrativo neutro, igualmente falto de emoción. La austeridad del lenguaje contribuye a agrandar la percepción del vacío que le rodea, el aislamiento en el que se desenvuelve, la falta de finalidad... En pocas palabras, la ausencia de voluntad.

István nos gusta a pesar de todo porque, aunque apático, es sensible y  profundamente vulnerable. Queremos un final mejor para él, o puede que el que le toca solo sea una forma de protección, la única forma que tiene de vivir dignamente después de haber sido destruido por la vida.