jueves, 30 de abril de 2020

Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlin



"La historia lo es todo"
            No suelo hablar de la vida de un escritor en mis reseñas porque la mayoría de las veces no es relevante para el texto, pero en esta ocasión es necesario hacerlo porque la vida y la obra de esta escritora se entrelazan sutilmente una veces y otras de forma obvia (en dos historias que yo recuerde ahora mismo la protagonista es una viuda con cuatro hijos a cargo).
            Lucía Berlin nació en Alaska. Su padre, ingeniero de minas, trasladó con él a toda su familia por yacimientos de Idaho, KentucKy y Montana (lugares que aparecen en sus relatos). Cuando el padre se fue a la guerra, ella, su hermana y su madre se trasladaron a El Paso (Texas) donde asistió a un colegio de monjas en el que ella era la única niña protestante (experiencia que cuenta en Estrellas y Medallas). A su vuelta se instalaron en Chile donde pasó a ser una niña americana de clase media a una señorita de clase alta, lo que se refleja también en sus historias. Comenzó a escribir después de pasar por la Universidad de Nuevo México y se casó tres veces, la última con el músico de jazz, Buddy Berlin. Se divorciaron en 1968 y las dos décadas siguientes las pasó en California haciendo diferentes trabajos para sobrevivir: profesora, recepcionista, ayudante de enfermería, limpiadora... Todas estas experiencias, además de su adicción al alcohol y posteriores desintoxicaciones quedan reflejadas también en sus relatos: La lavandería de Ángel, Su primera desintoxicación, Step, Strays...cuentan con una protagonista alcohólica. En Punto de vista estamos ante una recepcionista, en El Tim ante una profesora de español, en Mi jockey ante una ayudante de enfermería, en Manual para mujeres de la limpieza, con una limpiadora... También relata sus viajes a México para visitar a su hermana enferma de cáncer en la tristísima Espera un minuto. En 1994 consiguió una plaza en la Universidad de Colorado como profesora asociada. Allí pasó los últimos años de su vida hasta 2001 cuando volvió a California para estar cerca de sus hijos. Murió en 2004 de cáncer de pulmón.
            Uno de sus hijos dijo después de  su muerte algo así como que su madre escribió historias auténticas, no necesariamente autobiográficas, pero casi. Se trata de un tipo de narrativa que se llamaría posteriormente auto-ficción, la narración de la propia vida contada de una forma artística. El mismo hijo reconocía que los recuerdos de su familia estaban tan reformados, embellecidos y recreados que muchas veces no sabía lo que realmente ocurrió. La propia autora reconoció que exageraba, que mezclaba ficción y realidad, pero que no mentía. Desde luego inventaba cosas, pero también lo es que pensar que pudieron ocurrir les añade verosimilitud.
            Dejando a un lado el contenido de sus relatos, quiero centrarme ahora en el artificio, en esa fórmula tan personal que convirtió todo aquello en ficción. hay un finísimo hilo que separa a la narradora de la protagonista, pero existe, lo hay. Es la narradora la que usa hermosas metáforas como "Muñoz descansaba inconsciente, un diminuto dios azteca. Como su ropa era tan complicada (intenta desnudarlo) era como si estuviera llevando a cabo un elaborado ritual.... como en Mishima donde se usan tres páginas para quitarle el kimono a la mujer... Acaricié su hermosa espalda, que se estremecía y brillaba como la de un potro" cuenta en Mi hockey. Me maravilla su fino oído para capturar el habla popular; hay muchísimos ejemplos de ello pero digamos que en el relato que da título al libro se percibe más concentrado ya que aquí la protagonista usa diferentes autobuses que hacen parada en diferentes barrios donde las mujeres suben y bajan produciendo una variedad lingüística riquísima. Asombra también la atención que muestra a los detalles mínimos y cómo confrontándolos crea imágenes inolvidables. Su habilidad técnica queda reflejada en pequeñas frases que son joyas: "Las mujeres de la limpieza roban.... todo lo que yo robo son pastillas para dormir. las guardo para los días lluviosos" porque en una sola línea nos desvela el sentido profundo de la historia.  La voz narradora de Lucía Berlín es una voz compasiva y distante a la vez cuando muestra las debilidades del ser humano; no se alza crítica, no juzga, sólo muestra lo que ve con una economía del lenguaje que me hace recordar el estilo de R. Carver.
Disfrutad de estas historias, leedlas poco a poco, tendréis para vosotros solos durante mucho tiempo la azarosa vida y la destreza literaria de Lucía Berlin.


martes, 21 de abril de 2020

Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout



"Pero esta es mi historia. Esta. Y mi nombre es Lucy Barton"

            Elizabeth Strout es una escritora ya muy conocida para los lectores gracias a su novela Olive Kitteridge (Premio Pulitzer 2009) y más aún por la adaptación que de ella hizo HBO para la televisión (que también os recomiendo, con la siempre maravillosa Frances McDormand como protagonista)
            Sé que llego tarde para hacer la recensión de esta novela. Ha tenido que ocurrir un confinamiento en el más estricto sentido del término para obligarme a poner al día tantas lecturas retrasadas. Nietszche decía algo así como "un hombre leído hasta la ruina", pues algo así, pero en versión femenina.
            La novela de Elizabeth Strout gira en torno a la relación afectiva  entre la protagonista, cuyo nombre da título al libro, y su madre. Lucy está en el hospital aquejada de una enfermedad sin diagnosticar y su madre, a la que hace años que no ve, pasa cinco días con ella haciéndole compañía. En este pequeño marco,  donde aparecen en ocasiones su médico y las enfermeras que la atienden, Lucy indaga en su pasado desde su infancia en una pequeña granja de Illinois hasta el momento actual, casada y con dos hijas, convertida ya en la escritora que quería ser.
            El libro avanza entre las historias contadas por la madre y la de la propia Lucy. A través de ellas conocemos la solitaria infancia llena de privaciones, el hambre, el frío  y lo que era más duro aún el rechazo social que producía la pobreza en que vivían. El trastorno psicológico  que sufre el padre tras volver de la Segunda Guerra Mundial, la represión emocional  de la madre (es incapaz de decirle a su hija que la quiere) en su lucha por la supervivencia, la exclusión social.... Lucy intenta darle sentido a todos aquellos recuerdos, sin acritud, sin sentimentalismo, con un  distanciamiento protector que impide que la historia caiga en el drama. Más bien al contrario, asombra la lucidez y la neutralidad con la que narra la escasez económica, cultural y emocional en la que vivió durante tantos años.
"La soledad fue lo primero que saboreé en mi vida, y estuvo siempre allí, escondida en las hendiduras de mi boca recordándomelo"
            Los libros ahuyentaron esa soledad que la convertiría en escritora (recuerda cómo se quedaba leyendo después de la escuela para poder disfrutar del calor que hacía allí hasta que el conserje la echaba). De gran ayuda fue también los consejos que le brinda una escritora ficticia, Sarah Payne, a cuyas clases de escritura creativa asiste durante un tiempo inespecífico. "Be ruthless", le dice, es decir, sé inflexible, dedícate a ello sin concesiones y no te preocupes por la historia que estás contando "sólo tendrás una. Escribirás tu única historia de maneras diferentes". Lucy intenta contarnos su historia de diferentes maneras en efecto y lo hace desde una mirada bondadosa, a veces cándida, otras perspicaz, usando un lenguaje desnudo, sencillo, que alude directamente a lo representado para exponerlo sin tapujos, ajena a noción alguna de vergüenza,  rencor u odio.
            Al final, cuando su madre muere y su matrimonio se acaba, cuando sus hijas arremeten contra ella por haberse ido.... todo ello se refina y condensa en eso, su historia.
            Olive Kitteridge fue adaptada a la televisión y Lucy Barton ha sido llevada al teatro. Parece asombroso cómo los personajes creados por esta escritora reclaman para sí mismos nuevas versiones y adaptaciones. No lo será tanto si consideramos que uno de los más firmes elogios que se pueda hacer de la literatura sea la capacidad que tiene de permitirnos entrar en la vida de alguien para entendernos mejor a nosotros mismos.

viernes, 27 de marzo de 2020

La única historia, de Julian Barnes


"¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?"

            Con esta pregunta comienza la última novela de Julian Barnes (Anagrama, 2019), otra más de sus buenas novelas. Escrita en la línea de El sentido de un final (que os recomiendo vehementemente) en su análisis y exposición de los meandros del amor, es narrada por un envejecido y desilusionado Paul que cuenta su historia de amor con Susan, una mujer casada mucho mayor que él, desde su comienzo cuando solo tiene 19 años hasta su madurez. Es una historia de amor pero también de crecimiento personal, en la que Barnes reflexiona sobre algunos temas como el amor, el matrimonio, la memoria, las palabras, las convenciones sociales, el papel de la mujer y del hombre... sobre el fundamento de la felicidad.
            De todos ellos es al amor al que más tiempo dedica. Lo analiza desde la concepción de un joven e inexperto Paul en la primera parte (contada en primera persona) que lo define como una fuerza disruptiva y sísmica; el joven identifica amor y verdad, íntimamente convencido de que ambos son inseparables. Su inexperiencia y su desconocimiento del mundo guían sus acciones y sus pensamientos "yo pensaba que se podían amputar trozos de una vida sin dolor ni complicación" (p114). La flema y el distanciamiento con que lo cuenta hace que a veces lo más dramático resulte divertido.
            La segunda parte de la novela (contada en la segunda persona narrativa) se centra en la evolución de la relación que, debido a los reveses de la vida y a la historia que cada uno arrastra consigo, pasa de la felicidad al dolor, a la rabia y a la culpa. Aquí asistimos a la pérdida de la inocencia que acompaña al conocimiento ("la idea de violencia ejercida por maridos con un título de Cambridge me parecía entonces incomprensible" p.103), al descubrimiento de los abismos de las relaciones interpersonales, al descubrimiento de uno mismo y al de la cascada de consecuencias que nuestras decisiones acarrean. Hay sitio también para el análisis social, la crítica de la moral burguesa y para los jóvenes adiestrados en proseguir con  los roles heredados, una juventud remilgada, sin imaginación y falsamente virtuosa que le hace sentir superior.
            En la tercera parte (escrita en tercera persona) el narrador nos detalla el fin de la relación sin mucha demora, para luego extenderse en la vida de Paul sin Susan. Nos relata su vida nómada fuera de Inglaterra, cambiando de trabajo y de relaciones, incapaz de mostrar apego, dañado para siempre por su historia de amor, la única historia, que analiza casi obsesivamente buscando una explicación.
            "Se preguntó si había interpretado mal la imagen indeleble que le había          perseguido toda su vida: la de estar en la ventana del piso de arriba    sosteniendo a Susan por las muñecas. Quizás lo que había ocurrido no fuera   que había perdido las fuerzas y la había dejado caer. Quizás la verdad fuera que ella lo había arrastrado con su peso y que él había caído también."
            Casi al final del libro nos encontramos con esta brillante metáfora, que resume muy bien su única historia. Las reflexiones que desgrana un envejecido Paul en las últimas páginas acerca de la experiencia humana muy bien podrían ser las del propio autor.

viernes, 20 de marzo de 2020

Gente normal, de Sally Rooney


"Qué extraño sentirse completamente bajo el control de otra persona, pero también qué normal"
             La historia de amor entre dos adolescentes irlandeses de Sligo, que se reinicia durante sus estudios en el Trinity College de Dublín y va más allá aún en el tiempo, es de todo menos normal. Pero no me extraña su título, el libro está lleno de ironía soterrada y pullas intelectuales.
                Marianne y Connell son diferentes al resto desde el comienzo del libro. Él, aunque muy popular en la escuela, vive bajo la sombra de un sentimiento de no pertenencia (clase baja, hijo de madre soltera... pero ésta no parece ser la razón) y ella, solitaria, independiente y, aunque de buena familia, vive al margen de una forma poco corriente; ambos se ven atraídos mutuamente por un amor tan apasionado como pueda ser el primer amor. Pero ni siquiera éste es normal, porque está teñido de la completa sumisión de Marianne y el oscuro miedo de Connell a que lo asocien con ella y así, de este modo, su reputación se resienta.
                La pareja vuelve a encontrarse en la Universidad de Dublín, donde ella es la popular y él el marginado, y comienza entonces una serie de encuentros y desencuentros que ocupan la mayor parte del libro. El hecho de que éstos vengan precedidos de imperdonables errores de comunicación hace que el lector acabe impacientándose (¿Por qué no te explicas mejor?, acabas por querer preguntarle a cualquiera de los dos). Otras consideraciones que atañen a la novela son los problemas de clase, la reputación, el desconocimiento de uno mismo y de los demás... Es una novela de personajes, de dos personajes en concreto, Marianne y Connell, porque el resto aparece bastante desdibujado. No es un gran problema desde mis punto de vista que los amigos/enemigos aparezcan sin mayores consecuencias, pero sí lo es en el caso de algunos de ellos. Por ejemplo, la madre de Marianne, Denise, que apenas aparece dibujada al igual que su hermano Alan y, sin embargo, ambos deberían ser piezas fundamentales ya que juegan un papel muy importante en el desarrollo psicológico de la protagonista. La otra madre de la historia, Lorraine, es la madre de Connell; es una madre perfecta, comprensiva y orgullosa de su hijo, pero cuesta creer que procediendo de una familia con un record criminal y habiendo tenido a su hijo con diecisiete años, esto no se deje ver en su personalidad ni en la de la gente alrededor.
                En fin, estamos ante una novela que se lee con interés cuando sucumbes a una historia triste y bien tramada, a unos personajes con los que llegas a impacientarte porque esconden sus emociones tras las palabras, cuando, en definitiva, te pliegas a los meandros de su psicología a veces confusa, a veces brillante. Él lee a Jane Austen, quizás podamos establecer una relación entre los protagonistas de Orgullo y Prejuicio y los protagonistas de la historia: los diálogos ingeniosos, los malentendidos, las interpretaciones equivocadas, el conflicto de clase en la mente del otro...
Sally Rooney es una autora muy joven. Con Conversaciones entre amigos (2017) consiguió el reconocimiento del mundo de las letras, y con esta novela, escrita tan solo un año después, se ha reafirmado como una novelista interesada en la psicología de los personajes; estaremos atentos a su próxima publicación.

viernes, 7 de febrero de 2020

Un caballero en Moscú (A Gentleman in Moscow), de Amor Towles


"Sí, una botella de vino era la destilación última de un tiempo y un lugar; una expresión poética de la individualidad en sí misma"

         He de reconocer que me ha costado un poquito entrar en este mundo antiguo, en este lenguaje pausado, grande, elaborado, perifrástico y extraordinariamente cortés con el que se expresa el protagonista de la novela, el Conde Rostov. Pero una vez que me he instalado en esa atmósfera solemne, aristocrática, nostálgica de un pasado ido para siempre en la que se mueve el Conde debo decir que he pasado muy buenos momentos leyendo esta magníficamente narrada  historia de historias.
         Estamos en 1922. La revolución bolchevique ha triunfado y ha barrido los restos del antiguo régimen, la autocracia zarista,  matando o enviando al exilio a todos aquellos aristócratas que no tuvieron la osadía o la prudencia de hacerlo por sí mismos. El conde Rostov es un caso especial porque estando en París en el momento en que se produjo la revolución vuelve a Moscú, donde lo encontramos al comienzo del libro ante el Comité del pueblo, quien lo salva gracias a un poema crítico escrito en su juventud pero lo condena a permanecer de por vida en el Metropol, el hotel donde se aloja.
         Al principio el libro se demora en las pequeñeces de ese internamiento; con Montaigne nos detenemos en las reflexiones del Conde, luego, a través de sus  recuerdos, sabemos de su aristocrática familia, de la muerte de su querida hermana Helena... parece que nada más va a ocurrir (¡y son 462 páginas!) pero entonces conoce a Nina, una niña de diez años inteligente y valiente con la que recorre los recovecos del hotel gracias a su llave maestra. Son encantadoras las conversaciones que mantiene con ella, como interesantes son las que mantiene con su amigo Misha o con la actriz Ana Urbanova; luego están las que mantiene con  el maître, el barman, el jefe de sala... La figura del Conde es la de un hombre honesto, empático, honorable y educadísimo,  con ninguno de los defectos que tradicionalmente se han atribuido a los de su clase (el orgullo, la soberbia, la prepotencia o el clasismo) y todas las virtudes de un superviviente: el ingenio, la astucia o las dotes de observación.
         Contada en tercera persona por un narrador omniscente aquejado de un elegante e irónico sentido del humor, la novela abarca la historia de Rusia desde la Revolución como ya he dicho hasta los años cincuenta. Los avatares que va a sufrir Rusia en años posteriores no pasan inadvertidos en el hotel. El Conde ve como su antiguo mundo desaparece y es sustituido por uno más nuevo que apenas entiende pero en el que logra sobrevivir gracias a su capacidad de adaptación y sus intrínsecas virtudes, que ya he mencionado antes. Las turbulencias políticas, las purgas, los planes de desarrollo, la nueva sociedad urbana e industrial llega al Metropol de la mano de sus huéspedes. El tercer libro (son cinco en total) comienza en 1930 y encontramos al Conde convertido en jefe de camareros. Los planes quinquenales comienzan a dar sus frutos y Rusia empieza a abrirse al exterior, y para ello necesitan al Conde, no solo de su agudeza y astucia sino también de su cosmopolitismo y conocimiento de idiomas. Pero entonces la historia deja de estar centrada en la persona del conde (su rutina diaria, sus abluciones, sus comidas, sus conversaciones) y se acerca a la de sus compañeros de trabajo y amigos y especialmente se centra en la pequeña Sofía que se convertirá en la catapulta para sacar al conde de su encierro.
         Tengo que decir que en algunos momentos la historia deriva hacia la comedia y aquí me viene a la cabeza Wes Anderson, no por El Gran Hotel Budapest (o quizás sí) sino por la mezcla de lo serio y lo cómico, su manera melancólica de tratar la aflicción y también por sus propuestas disparatadas e inverosímiles pero al mismo tiempo creíbles, que convierten esta lectura en un delicia. No conocía a Amor Towles (bonito nombre) a pesar de que ya había escrito otra exitosa novela, Normas de cortesía (editada también por Salamandra en 2011). Es un escritor con un pasado en el mundo de los negocios, que abandonó tras la burbuja inmobiliaria para dedicarse a su vieja pasión, la escritura. Conoce bien por tanto el lado comercial de este negocio y por eso reconoce haber pasado un año promocionando el libro ("ayudando a encontrarle lectores") aunque eso haya supuesto al menos una entrevista en cada uno de los Estados de la Unión. ¡He aquí un escritor con pleno conocimiento de sus responsabilidades!

domingo, 26 de enero de 2020

La cucaracha (The Cockroach), de Ian McEwan


     "Tanto si estas cosas hubieran sucedido como si no, muy bien podrían haber sucedido, podrían haber sucedido tan fácilmente, estaban destinadas a suceder."


   
La cucaracha que da título al último libro de Ian McEwan es un ser que evita la luz, que ama la oscuridad... Las cucarachas han vivido junto a los humanos durante miles de años  y siempre que el lado oscuro de éstos ha dominado, ellas han florecido. Y ahora están de vuelta, cuando la peculiar teoría del Reversalismo (el Brexit)  triunfe y la población se empobrezca, volverán a renacer. Con estas palabras más o menos se expresa al final del libro la cucaracha protagonista, es decir el Primer Ministro inglés que ha llevado a cabo el Reversalismo.
         El libro de McEwan es una elaborada sátira que tiene como protagonista no a un ser humano que se convierte en cucaracha como en La Metamorfosis de Kafka, sino en una cucaracha que se apodera del cuerpo del Primer Ministro inglés. Después del asombro inicial, éste rápidamente reconoce a sus congéneres que han hecho lo mismo encarnándose en los miembros de su gabinete. Desde el gobierne se promueve la teoría del Reversalismo, que hará a Inglaterra grande de nuevo y si os estáis preguntando si menciona a Trump, en efecto, lo hace, en la figura de Mr President Archie Tupper, el presidente del paraíso de los Reversalistas.
         ¿Y en qué consiste el Reversalismo? pues en revertir el flujo del dinero, los trabajadores pagarán a sus empleadores pero a cambio se les pagará por comprar. El comercio exterior funcionará de la misma manera: los exportadores le darán dinero a Inglaterra  para que compre sus productos e Inglaterra a su vez pagará a otros países para que importen sus productos... Una locura sí, del tamaño del Brexit.
         McEwan además de mostrar el absurdo al que los políticos ingleses están llevando al país, hace crítica del sistema parlamentario y de la élite política en particular, que usando la mentira con descaro la convierte en verdad en su afán de  conseguir sus fines sin importar los medios. No menos esfuerzo hace en apuntar con el dedo la función desestabilizadora que algunos medios de comunicación han ejercido, los cuales usando las artimañas más rastreras han colaborado en fomentar un populismo suicida. Tampoco se libra la UE de su afilada ironía cuando la acusa de excesiva regulación y de arbitrariedad en algunas de sus políticas (sin embargo reserva para Merkel el papel de Pepito Grillo cuando pregunta al PM Warum?, o sea, por qué ataca a sus amigos, por qué lleva al país a la destrucción).
         Es un libro entretenido, muy corto (cien páginas en la edición de Penguin), bien fabulado y acertado en el tono y maneras de encarar el reto. Sin embargo la sátira política nunca ha servido para que los gobernantes reflexionen acerca de lo que hacen, entonces... ¿Que ha llevado a McEwan a escribir este breve libro? quizás el hartazgo de lo que ha vivido, quizás el desdén que siente hacia la clase de políticos que se han hecho con el gobierno, quizás solo sea una forma de desahogarse por el temor de lo que se avecina. En cualquier caso, bienvenido sea, muchos de nosotros nos identificamos con él. O no podríamos aplicar la misma crítica a algunos de nuestros políticos en España?


viernes, 24 de enero de 2020

El corazón de Inglaterra, de Jonathan Coe


"Cameron ha destrozado este país. ¡Lo ha destrozado y se ha largado!"

            Este libro se tituló en la edición original Middle England (Penguin, 2018) pero fue publicado en Anagrama un año después con el título El corazón de Inglaterra, con buen criterio bajo mi punto de vista ya que de otro modo el lector español medio no hubiera percibido lo que son las Midlands en Inglaterra, lo que llamaríamos la Inglaterra profunda, la auténtica, la conservadora de las esencias de lo inglés.
            Qué es ser inglés es tema de debate en este libro y por ello se contrapone esta parte de Inglaterra cerca y alrededor de Birmingham con Londres, la cosmopolita capital del país. Sophia y Sohan representan ese Londres multicultural racial y tolerante, frente a Helena o  el señor Wilcox, que representan la Inglaterra profunda. Los primeros son jóvenes, con carreras universitarias exitosas y abiertos al mundo, los segundos son mayores, con trabajos tradicionales (ella ama de casa, él vende carretillas elevadoras) y encerrados en su pequeño mundo. Desde un punto de vista político, los primeros votan al partido laborista, mientras que los segundos lo hacen al partido conservador y esto a su vez permite al autor analizar no solo al tipo de votante sino también sus ideas políticas. El resto de los personajes del libro se decantan hacia una u otra posición con variantes más o menos radicales. Doug, el votante de izquierdas clásico se contrapone a la radical Coriander. Gail, la conservadora moderada al señor Wilcox. Y dónde está Ian? Pues pasa de la influencia conservadora de Helena a ver la luz al lado de Sophie.
            Ya veis que estoy hablando de los personajes sin haber mencionado el argumento de la novela, pero lo he hecho intencionadamente, porque no son libres, están al servicio de la argumentación. A parte de los ya mencionados tenemos a una estudiante transgénero  de ascendencia mezclada, musulmana e inglesa, que genera un agrio debate acerca de la corrección política en la que se suele enredar la izquierda, el inmigrante pakistaní y gay que ha triunfado, el ucranio que ha sobrevivido haciendo trabajos que los ingleses no quieren hacer, y el especulador de la City (y esto le da pie a Coe para incidir en la crisis financiera), la pareja de lesbianas (para hablar de la falta de tolerancia)... Y en medio de todos, Benjamin, el escritor al que han seleccionado el único libro que ha escrito para  el Booker Prize. Benjamin vive apartado del mundo en un viejo molino a orillas del Severn, una metáfora del devenir de la vida . Él, su familia y sus viejos amigos son los protagonistas de una entretenida historia, a la que sin embargo se le ven las costuras: los personajes, sencillos y esquemáticos, viven sus vidas con la función de mostrar al lector las investigaciones del autor.
            Vemos al autor tras los personajes, adivinamos sus intenciones y lamentamos las vidas de papel que ha creado. Asistimos a sus intentos de entender y hacer entender (me temo) lo que le ha ocurrido a su país para llegar al estado de confrontación nacional que alumbró el Brexit. Y eso hace que la historia se resienta. Ésta empieza con la celebración de los Juegos Olímpicos y así nos encontramos con un sentimiento nacional que aúna al país en torno al evento. Luego se empiezan a mostrar las fisuras al explicar la indignación de la clase media que se ha empobrecido con la crisis frente al  enriquecimiento de la clase alta, el resentimiento contra la élite financiera, el enfado general por el cierre de las industrias tradicionales por culpa de la globalización, la falta de trabajo y la sensación de haber sido engañados por una clase política elitista y egocéntrica.
            Coe pone en boca de Helena, quizás el paradigma del pensamiento conservador, tres palabras, "ríos de sangre", (hablando del enfrentamiento nacional). Son las palabras de un famoso e influyente político conservador, Enoch Powell, que, nacido en la clase media baja de las Midlands, fue un brigadier en la India y aunque empezó viendo el Imperio como una Gran Familia (eso sí cada uno en su país) luego se convirtió en adalid del Unionismo, el neoliberalismo y finalmente la Eurofobia. De él y de sus ideas se han alimentado los políticos conservadores ingleses en lo que a la cultura de la desregularización se refiere, la privatización y el consenso contra la inmigración, que al mismo tiempo grandes magnates de los medios de comunicación popularizaron en sus tabloides.
            Me ha resultado interesante su análisis y me ha aclarado algunas ideas sobre lo que pasó pero lamento a cambio la simplificación de los personajes y de la historia, que sufre enormemente bajo el peso de la reflexión. Se le ven los hilos.... y eso no me gusta en una novela, me saca de la lectura, me recuerda que lo que estoy viviendo es ficción.
            Por otro lado, Jonathan Coe no es el primer escritor que intenta explicar la idiosincrasia inglesa en un libro. Roger Scruton, un filósofo conservador, lo hizo en England, An Elegy (2006) y posteriormente Julian Barnes en England, England (por poner algún ejemplo), una novela satírica que recomiendo a todo el mundo porque no solo no cae en el error de Coe, sino que además resulta bastante más convincente.