domingo, 18 de octubre de 2020


 

Basilisco, de Jon Bilbao

"Todo era motivo de asombro y confusión"

            Jon Bilbao, y voy a hablar de un autor insuficientemente reconocido aunque se trate de uno de los mejores cuentistas españoles actuales, consigue escribir con Basilisco (Impedimenta, 2020) un magnífico libro a medio camino entre la ficción y lo autobiográfico, entre el presente y el pasado.

            El presente es  la historia de un ingeniero que se traslada a California donde conoce a su futura mujer, Katharina,  y todo el proceso que lleva a la disolución del amor y a su vuelta a España en busca de sus raíces, de su infancia. El pasado es John Dunbar, un antepasado de un compañero de trabajo de Katharina, que encarna lo más genuino del Oeste americano: trampero, buscador de oro en Virginia, veterano de la guerra de Secesión, guía de una extraña expedición cultural al desértico territorio de los mormones.... Dunbar es un hombre huraño, violento y temido. Sus andanzas por esos desérticos parajes y el uso de lo onírico y la metáfora recuerdan inevitablemente al Meridiano de Sangre de Cormac McCarthy (como han sabido ver también otros lectores; en universodepocos.blogspot encontramos también referencias a este detalle) y de la misma forma que en este magnífico libro, en Basilisco el desierto se convierte en un personaje más, un espejo de su protagonista, de su desolado e inhóspito  interior, de su vacío, de su crueldad. Basilisco es como lo llaman, un nombre mítico para un hombre que se ha convertido en leyenda.

            Bilbao es un gran renovador del cuento, territorio ya de por sí libre, pero agrandado ahora con una narrativa que mezcla la historia, el ensayo, la fantasía, el terror o la ciencia ficción en una prosa sencilla y desnuda, con la que el autor pretende crear un falso sentido de objetividad, hacernos creer en un narrador fiable y honesto que no nos defraudará. Y no lo hace. Basilisco se puede leer como un conjunto de relatos o como una novela, no importa, lo importante es entrar en ese mundo imaginario, en esa cueva de la infancia donde se guardan prodigios insospechados.

            Basilisco es el último libro de Jon Bilbao, no sé si el mejor, pero os recomiendo su lectura; es una oportunidad excepcional de acercarse a su mundo narrativo, a un escritor que se caracteriza por su ambición de narrar, de contar y este gusto se nota, y se lo agradecemos.

 

 

lunes, 12 de octubre de 2020

La ciudad solitaria, de Olivia Laing


"Muchas cosas han surgido de la ciudad solitaria: cosas forjadas en la soledad, pero también cosas que funcionan para redimirla."



 La ciudad solitaria (Capitán Swing) es el tercer libro de la escritora inglesa Olivia Laing.  Como en sus libros anteriores, To The river: A Journey Beneath the Surface y The Trip to Echo Spring: On Writers and Drinking (Ático de los libros), mezcla investigación, análisis y biografía; como ella misma dice, hubiera sido difícil conectar con estos artistas si no hubiera pasado por la misma experiencia, el problema del alcohol en su familia o su propia experiencia de la soledad en una gran ciudad después de ser abandonada abruptamente por su pareja. Comienza el libro preguntándose cómo conectamos con otra gente. Sin ser ni la única ni la última persona en hacerse esta pregunta, ella se dispone a averiguarlo a través de las artes visuales y limitándose al entorno de la ciudad. Lo hará en ocho capítulos a través de diversos  artistas.

            Laing construye su libro mezclando sus propias vivencias, su soledad en la ciudad de Nueva York, con la vida de estos artistas con los que comparte infancias tristes o solitarias, familias desestructuradas o entornos hostiles para el crecimiento en un intento de explicar la compleja relación entre la soledad y el arte. En una feliz metáfora, la autora define la soledad como estar hambriento cuando todo el mundo a tu alrededor está preparándose para un festín y reflexiona sobre cómo el sentimiento de vergüenza y alarma que proyecta el solitario, y su consciencia de ello, hace que se sienta más aislado todavía, más solo y distanciado.

            Laing comienza con el famosísimo Edward Hopper, de quien se dice que es el pintor de la soledad, entendida en este caso como estar expuesto al tiempo que aislado de los demás; expuesto a su juicio, particularmente cuando estar solo se siente como raro o extraño.  Nighthawks es un buen ejemplo de esta visión, los protagonistas del cuadro están completamente aislados unos de otros y al mismo tiempo expuestos como en un acuario a la mirada de otros.

            Continúa con el no menos famoso Andy Warhol, en el que reconocemos la soledad del que se siente no deseado, del que es excluido de los círculos sociales. Para el hijo de unos inmigrantes judíos, tímido, gay y poco agraciado, sentirse singular no fue una gran hazaña, sí lo fue convertir su vulnerabilidad en virtud y pasar a ser el artista más deseado de underground neoyorkino. Su uso de la tecnología para llegar a los demás sin verse expuesto lo convertiría en un adelantado del hiperconectado mundo actual.

            La soledad de David Wojnarowic, igual que la de  Henry Darger, proviene de su pasado, de una infancia abusiva, de una soledad lacerante unida a la que se impuso a sí mismo al ver sus deseos como únicos y vergonzantes.  A Henry Darger además lo convirtió en asocial y lo llevó a crear un corpus artístico sobre cuya moralidad la crítica todavía hoy no se pone de acuerdo. Al hablar de Klaus Nomi  vuelve a incidir en las consecuencias devastadoras que tuvo para la comunidad gay el sida, la soledad producida por el estigma y el abandono de la sociedad. Zoe Leonard le sirve para tratar el tema de la soledad y la pérdida, dos cosas que van íntimamente ligadas: "La existencia física es solitaria por naturaleza, metida en un cuerpo que avanza inexorablemente hacia la decadencia"

            La autora cierra su análisis aseverando que el arte no tiene que tener una función reparadora, como tampoco la tiene que tener de ser hermoso o moral, la cura para la soledad radica en estar bien con uno mismo y reconocer que hay elementos procedentes del exterior que nos afligen y excluyen contra las que debemos luchar: no debemos avergonzarnos de reconocer que necesitamos a los otros. Hay que normalizar la soledad, combatir el estigma y la vergüenza que rodea al que está solo, viene a decir, sin embargo no lo hace  hablando de la soledad de las personas comunes, sino de aquellas estigmatizadas por el sexo, la infancia o la sociedad, y cómo eso se ha visto reflejado en su obra artística. En este sentido comprendo que los lectores que fueran buscando verse reflejados aquí se hayan sentido decepcionados, Laing ha preferido indagar en seres especiales, artistas, gente dotada de una sensibilidad extrema para ver y sentir de una manera más penetrante, para convertir su intimidad en una obra de arte. Es un libro que ha conseguido gran aceptación por parte de crítica y público y que ya va por la segunda edición en esta jovencísima editorial tan comprometida con la crítica y el pensamiento.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Frankisstein, de Jeanette Winterson

                  "El futuro lleva siempre algo del pasado"

         La última novela de Jeanette Winterson hace su aparición en un momento en que la Inteligencia Artificial (AI) se ha convertido aparentemente en motivo de reflexión para la novela británica actual. Hablo de Murmur (2018) de Will Eaves o Machines Like Me (2019) de Ian McEwan, también reseñada en este blog.

         Frankisstein es una novela compleja en la que corren paralelas dos líneas temporales y de pensamiento: el Romanticismo del S. XIX y el Voluntarismo de la época actual. El paralelismo entre el creador del famoso monstruo y del que se pergeña en este futuro por venir se advierte ya en sus nombres: Victor Frankenstein deviene Victor Stein, el profesor que defiende un futuro en manos de la inteligencia artificial que se programará a sí misma (lo hace en Memphis, que se fundó en 1818, un  año antes de que se publicara Frankenstein; el libro está lleno de referencias de este tipo).

         Con la voz de Mary Shelley nos adentramos en aquellos turbulento tiempos tras la Revolución francesa y los cambios de todo tipo que trajo consigo: el deseo de libertad sobre todo, en el caso de la mujer también (tristes son las reflexiones de Mary al respecto con el paso del tiempo). Ya todos sabemos cómo con tan solo diecinueve años huyó de casa con su hermanastra Claire, el doctor Polydori, Byron y P.B.Shelley, los renombrados poetas del romanticismo inglés. De todos es sabido también cómo encontrándose a orillas del lago Lemán en una noche de tormenta, Mary propuso escribir la historia más terrorífica y cómo de ese desafío nació el monstruo universalmente conocido.

         Como Victor Frankestein, Victor Stein aspira a crear vida nueva, pero esta vez dejando de lado el cuerpo corruptible y exigente (sólo es el soporte del cerebro; la criogenización es una pérdida de tiempo, nadie sabe cómo recuperarlo), sería suficiente con descargar en el sistema nuestro cerebro, de este modo la vida eterna sería una realidad. "Sólo somos datos", asegura a Ry Shelley, el doctor transexual, híbrido, como él se denomina a sí mismo, del que se enamora precisamente por su cuerpo/mente de bordes imprecisos, esa fluidez, ora masculina, ora femenina, que lo hace tan especial. Ry, que se reconoce también como transhumanista, ha alterado su cuerpo para adaptarlo a su mente, a su cerebro; "el cerebro es más amplio que el cielo" dice la cita de Emily Dickinson que la autora utiliza como prefacio a un capítulo/sección(?).

         Janette Winterson ha realizado un trabajo fantástico, ha creado una novela estructuralmente innovadora y sustancialmente profunda. Profunda porque analiza la naturaleza de la consciencia, la vinculación entre la mente y el cuerpo, la locura (el apartado dedicado a Bedlam es angustioso y en él crea un juego de espejos: metaliteratura en estado puro), reflexiona sobre el concepto de realidad y la esencia del amor, sobre los avances tecnológicos y las disyuntivas morales que nos crearán, explora la sexualidad y la comprensión de la identidad múltiple y si para ello lo necesita, no duda en hacer referencia a Ovidio y sus Metamorfosis, a Pigmalión y Prometeo, a Virginia Woolf y Margaret Atwood, a Darwin y Turing, a elementos de la cultura popular como los superhéroes del cómic, Talking Heads, Los Eagles, Blade Runner... El soneto 53 de Shakespeare y los versos de La canción de Ariel (tallados en la tumba de Shelley en Roma) de La Tempestad sirven de prefacio también a sendos capítulos.... Tengo que reconocer que la referencia al movimiento Me too y la deriva que toma me trastornó. En medio de temas tan profundos hay momentos para la risa, el sarcasmo (las menciones al creador de Facebook, Trump o Bolsonaro) y la parodia. El final del relato a cargo de Ry es un capítulo de una comedia en el que el científico loco, rodeado de todos los personajes de la trama, manipula el artefacto de su invención sumiéndolos en la oscuridad y el temor a la muerte. Las referencias a un concepto de la religión mercantilista en boca de Claire, la búsqueda de la exclusiva periodística en Polly(dori) y el machismo del adinerado Ron Lord(Byron), dejan a nuestro narrador (ma)Ry Shelley como la única inteligencia superviviente en medio de la locura generalizada.

         La historia que cuenta Mary Shelley acaba cuando ya en la edad adulta recibe la invitación para un banquete donde conoce a Ada Lovelace, la hija que Byron quiso educar lejos de la literatura, que se convertiría en la gran matemática que inventó la programación. La ciencia y la literatura unidas, dos mujeres libres gracias a su inteligencia; ¿sabía Byron que ambas palabras, libre y libro, proceden de LIBER en latín? Seguramente sí. Y también él, como Victor Stein sabía que leer es la única forma de entender.

 

sábado, 1 de agosto de 2020

Niña, mujer, otras, de Bernardine Evaristo

 
   "... y que lo que somos es parcialmente una respuesta a cómo nos ven..."

         Niña, mujer, otras compartió el Premio Booker Prize 2019 con Los testamentos de Margaret Attwood, una secuela de El cuento de la criada (también reseñados en este mismo blog), que volvió a ser leído gracias a la exitosa serie del mismo nombre. Después de haber leído el libro de Evaristo, se hace evidente que ambos libros comparten una atención a temas de índole feminista, que en el caso del libro de Evaristo se extiende además a otros como la raza o el choque generacional.

         Bernardine Evaristo ha escrito una novela polifónica en la que se cuenta las historias de varias mujeres (principalmente negras o mestizas) y en diferentes décadas de los siglos XX y XXI. En el devenir del tiempo los personajes se entrecruzan y establecen vínculos que reaparecen más adelante, creando un tejido denso y consistente que va envolviendo al lector hasta llegar al final, cuando la luz se enciende y los personajes quedan expuestos: sabemos entonces a través de una prueba de ADN quién es la hija perdida de Hattie, por qué la virtuosa Shirley obtiene sólo una recompensa parcial, la frustración de Roland al no conseguir el elogio de la persona que más ama: su hija...  ¡Pero estoy empezando por el final!

         Volvamos al principio. En este "tour de voces" la voz de Amma es la primera en oírse y de alguna manera el hilo maestro que teje la novela. Amma es una mujer de mediana edad feminista, negra y lesbiana que dirige una compañía de teatro fuera de los círculos convencionales; es un teatro de denuncia y protesta que incomoda a las élites y que por tanto no alcanza reconocimiento a nivel nacional. Sin embargo, actualmente, la encontramos presentando en el Teatro Nacional de Londres La última amazona de Dahomey. Entre el público se encuentran Roland, su amigo gay y padre de su hija con sus amistades, las amistades de la propia Amma y algunos otros personajes que han asistido por diferentes razones pero que de una u otra manera están ligados a ella: por ejemplo, Carole fue la alumna predilecta de Shirley, que es la amiga burguesa de Amma, que es la madre de Yazz, que admira a Megan/Morgan, que es bisnieta de Hattie, que es madre de Penélope, que ha contratado a Bummi, que es madre de Carole...

         Resulta muy interesante leer la experiencia de estas mujeres y hombres, llegados desde las antiguas colonias (Nigeria, Sudáfrica, el Caribe, Etiopía...) en los años cincuenta y sesenta a una Inglaterra clasista, racista y patriarcal. Después nacen sus hijos, la segunda generación de inmigrantes, en general exitosa si saben adaptarse a las reglas, que remueven los cimientos de esa sociedad gracias a un poco de rebeldía y a un mucho de trabajo duro. La autora nos habla de la riqueza cultural que trajeron con ellos al tiempo que, seguramente la mayor parte de las veces de manera inconsciente, introducían una cuña que hizo tambalearse las columnas de esta sociedad dormida. La sociedad inglesa actual, viene a decir, se ha hecho más abierta, más expansiva, más debatible y autoconsciente, gracias a la diáspora africana que se ha mezclado con su sangre.

         Los personajes conversan, reflexionan y de alguna manera se convierten en portavoces de muchos asuntos de interés nacional. Se critica la política educativa y se alaba el poder de la educación para cambiar vidas a través de Shirley, se hace historia del movimiento feminista con Penélope, que reflexiona sobre cómo encajar el matrimonio dentro del feminismo, se aborda el tema del género trans con Megan/Morgan, que defiende el sexo no binario (gender-free) y nos ilumina en la difícil distinción entre lo heredado y lo aprendido. El Brexit es motivo de reflexión para Roland. Con Yazz y sus amigas estamos ante un tipo de jovencitas muy actual: libres de los condicionantes de clase, sexo y religión, herederas de los logros de la generación anterior, únicamente persiguen una carrera que les asegure su bienestar en el futuro. Con Dominique llega Nzinga, que personifica lo que toda mujer (¿feminista?) aborrece en un hombre: es controladora, dominante, obsesiva, manipuladora ("solamente una mujer negra puede amar verdaderamente a otra mujer negra") agresiva y finalmente violenta. Carole, vicepresidenta de un banco en la City, es la viva imagen del éxito pero a costa de cambiar completamente y olvidar sus orígenes. Creo, sin embargo,  que el asunto que más sólidamente permea el libro es el racismo. Todos los personajes en diferente medida lo han sufrido: Amma en el teatro, Bummi en el bus, Lennox con la policía, Hattie en la Inglaterra rural del norte del país....

         Son doce historias en total, doce historias que conforman un mosaico de la sociedad inglesa moderna vista desde la perspectiva de doce mujeres (mayormente negras, algunas lesbianas, bastantes de ellas inconformistas) contadas por Bernardine Evaristo con un evidente cariño hacia sus personajes. Es una escritura vibrante, irónica a veces, otras poética, humorística también. Un escritura veloz gracias a los continuos cambios del punto de vista narrativo, creíble (asombroso el oído de la escritora para reflejar las diferentes hablas y el argot  de la calle, de los inmigrantes, de los jóvenes... ) y variada ( personajes de todas las edades, diferente escala social, diferente orientación sexual....) ¡¡Me encantó los comentarios sobre los zapatos de tacón!! (p. 140). Está escrita la novela en un continuum, sin puntos ni mayúsculas, siguiendo una pauta que favorece una lectura fluida y vivaz.  Precisamente esta misma fluidez favorece la continua vuelta de los personajes a su pasado y que éste se fusione con el presente de todos ellos, cohesionando así una novela de estructura compleja y acertada  resolución. (Cada capítulo está formado por tres personajes; los dos primeros son familia y el siguiente permanece libre para ampliar o redondear la unidad del mismo).  

         Si a la autora le costó seis años escribir esta novela como he leído, a nosotros, sus lectores, nos costará una semana leerla; es un libro apasionante, un auténtico page-turner. Os enganchará.                         

jueves, 23 de julio de 2020

El mal de Corcira, de Lorenzo Silva


"¿Hasta qué punto nos conforma aquello contra lo que luchamos?"

         Sí, también me gusta el género policiaco. Y no sólo el  que se hace fuera de España sino también el de aquí, el que ha nacido y crecido  de la mano de Vázquez Montalbán, Juan Benet o Eduardo Mendoza. Más actualmente, entre mis favoritos está Lorenzo Silva y Bevilacqua y Chamorro, los guardia civiles protagonistas de la serie de su mismo nombre, que han hecho famoso a su autor.
         Los conocí en El alquimista impaciente, novela que ganó el Premio Nadal en el año 2000. Por entonces él era un sargento de la Guardia Civil y ella una Guardia sin más. Que un novela policiaca esté protagonizada por una pareja de investigadores no es nada raro dentro del género (acordaos de Sherlock Holmes y Watson), pero sí lo es que éstos sean un hombre y una mujer (estoy hablando de literatura, no de cine o televisión), y más aún que sean Guardia Civiles. Nadie que yo sepa lo había intentad hasta ahora con este cuerpo parcialmente militarizado.
         En su última novela, Lorenzo Silva propone a Bevilacqua,  Vila es más fácil de recordar, un puzzle que lo llevará de nuevo a Guipúzcoa, donde pasó unos años dentro de la época más dura de los asesinatos de ETA. Con este trasfondo el ahora subteniente investiga la muerte de un antiguo terrorista homosexual asesinado en Formentera. Como entonces, la fortaleza de Vila reside más en su cerebro que en el uso de la fuerza y es, de hecho, su inteligencia, su habilidad analítica y su experiencia lo que le llevan a resolver con éxito el embrollo.
         Si entonces El alquimista impaciente le sirvió para entrar en el infierno de la droga y de la prostitución, del dinero sucio y de la delincuencia de alto nivel, su nueva novela le sirve para revisitar los duros años de los asesinatos de ETA. Vuelve a ser Belvilacqua aquí el guardia honesto digno y cívico, culto hasta extremos insospechados ahora (lee a Deleuze, Guattari y a Tudícides, de quien procede el título de la novela), que a muchos les resulta increíble. No obstante, y este es mi parecer, agrada a muchos lectores encontrarse con protagonistas que, lejos de la amargura y el cinismo de muchos investigadores (y aunque él sea un admirador del género clásico norteamericano como ya demostró en El alquimista impaciente aludiendo a El sueño eterno), valoran el sentido del deber, la recompensa de un trabajo bien hecho y que además sienten compasión por sus víctimas.
         En la nueva novela, más que nunca, y quizás porque Vila es ya un Guardia mayor, con un divorcio a sus espaldas y un hijo también en El Cuerpo, hay más tiempo para ver al hombre prudente y juicioso que es. Licenciado en Psicología, el análisis y la reflexión han sido siempre características del  personaje. A través de sus introspecciones conocemos su opinión sobre el sistema policial español y sobre lo que supuso para ambos bandos y para el Cuerpo al que pertenece el activismo terrorista. Como buen analista no dejará de reflexionar "sobre su propia experiencia de lo ocurrido, de lo que hizo y lo que dejó e hacer en aquella guerra entre conciudadanos como la que 25 siglos atrás hubo en Corcira -hoy Corfú- y que Tudícides describió en toda su crudeza. ¿Hasta qué punto nos conforma aquello contra lo que luchamos? " -Editor dixit-. Es una pregunta incómoda que queda en el aire.
En definitiva, leed este libro. Además de tener un argumento interesante, una trama bien forjada y unos personajes atractivos, se apoya en una escritura ágil y viva que hará que no puedas dejar de leerlo hasta darle fin.

Todo es posible, de Elizabeth Strout


"Todos nosotros queremos un público. Si hacemos algo y nadie lo sabe. ¿Lo hicimos?"

         No voy a deciros que este libro es continuación de Me llamo Lucy Barton, reseñado en este mismo blog en el mes de abril, pero sí que es una indagación más profunda en los personajes y en la historia que nos contó entonces. Es eso y más. Es una historia de historias, es una novela que no nace de la memoria de Lucy pero eso es lo de menos, porque Strout no sólo quiere contarnos qué fue de aquellos seres humanos, quiere contarnos de todos aquellos que tienen en común la lucha, la fatiga para salir adelante en medio de los acontecimientos más  adversos.
         Sister es la historia central. Al fin, después de tantos años, Lucy vuelve y los tres hermanos se reúnen en la casa familiar. Recuerdan y el recuerdo se vuelves doloroso y catártico a la vez. Ellos, los Barton, eran American trash, es decir lo más bajo de la sociedad americana, vivían en un garaje helado y se alimentaban de la basura de los contenedores. El padre de Lucy sufría las secuelas de la guerra y la madre, modista, era dura, casi inhumana, en su ansia de supervivencia. Lucy consigue escapar y llegar a Nueva York donde se convierte en una afamada escritora gracias a un libro que es memoria viva de su infancia. En un tour de promoción, diecisiete años después, vuelve a Amgash, su pueblo, y si pensaba que con su huída había conseguido la redención total, estaba muy equivocada, basta una conversación con su hermana mayor para que le dé un ataque de pánico y tenga que volver a toda prisa a Nueva York.
         El grueso del libro lo componen las historias de personajes que sólo conocimos de forma tangencial en su anterior novela: sus primos y tíos, el conserje del Instituto donde estudiaba, su compañera de escuela Patty... A través de ellos y de sus parientes y amigos se va conformando la verdadera historia de Lucy, desde otros puntos de vista que la enriquecen y que la amplían. De este modo también dejan de convertirse en personajes tangenciales para ser protagonistas de su propias historias, convirtiéndose Lucy en un escenario, a veces en un catalizador, otras en objeto de reflexión y esclarecimiento. Hablando de reflexión no puedo pasar por alto la función que cumple el paisaje, un personaje más. La descripción del mundo natural: las praderas de Illinois, el viento, el horizonte, las diferentes tonalidades que adquiere la luz del sol a lo largo del día y  del año,,, (el mar en Mississippi Mary)... son protagonistas de muchas páginas y forman parte del fondo espiritual de estos personajes.       En una entrevista a Elizabeth Strout ella misma reconoce la importancia que el mundo físico tuvo en su infancia, aislada de otros niños, el bosque de su New Hampshire natal se convirtió en su mejor amigo. Esta confesión  me lleva a pensar que la protagonista de Snow-blind (el único relato que no es original) pudiera tener algo de la propia autora, y así desafiar mi primera idea, la de creer que esta historia era la única del libro que no tenía nada que ver con la de Lucy Barton. Por supuesto, esta idea no era desde el principio del todo cierto, hay un hilo conductor a lo largo del libro que enlaza a todo estos personajes y los convierten en un todo: el aprendizaje producto de la experiencia, del tiempo que desgrana apuntes que nos llevan a ver, a entender mejor. ¿No es esta nuestra máxima aspiración? Ojalá todo estuviera en la vida real tan atado como en una novela. Pero ¿qué más podemos pedir? Es literatura, es ficción, es una obra de arte. Ni más, ni menos.
         No quiero finalizar esta reseña sin hacer referencia al título del libro. Si Sister ocupa una posición central en la novela, Gift la cierra. La traducción al español es regalo u obsequio, y de eso se trata, del obsequio que un personaje menor, un actor en horas bajas (que sin embargo se convierte en el oráculo a través del cual la autora analiza con perspicacia la psicología de los seres humanos), hace a Abel, el regalo de una verdadera amistad y si este regalo le puede llegar a él en ese momento al final de su vida, todo es posible para cualquiera.



viernes, 26 de junio de 2020

La niña perdida, de Elena Ferrante


"Tuve la sensación de haberme topado con una enésima prueba de lo espléndida y tenebrosa que era nuestra amistad"

            La niña perdida es el cuarto y último volumen de la serie de cuatro libros que Elena Ferrante empezó con La amiga estupenda, reseñado más abajo. Esta serie que cuenta la vida de Lenú y Lila desde la infancia hasta la madurez teniendo como telón de fondo la Italia de los años cincuenta sesenta y setenta, y más concretamente la ciudad de Nápoles, es mucho más que la historia de una amistad debido a eso, pero también debido a otros elementos que enriquecen la ficción hasta convertir su lectura en una apasionante experiencia que nadie debiera perderse.
            La maestría narradora de la autora se consuma en su habilidad para entretejer muchas otras historias alrededor de la de las dos amigas, que la enriquecen y la ensanchan, convirtiéndola en un fresco de la Italia de aquellos años, del engranaje del poder, del trabajo de las editoriales, de la efervescencia política, del compromiso de los jóvenes y su deseo de cambio, del despegue de la emancipación femenina, de las exigencias del matrimonio y de los hijos, e impregnándolo todo la violencia y la corrupción,  que se cuela en sus familias y entre los amigos del barrio de Nápoles donde nacieron.
            Qué profundidad al retratar psicológicamente a sus personajes, qué sutileza al analizar sus emociones, qué sabiduría al analizar la relación entre las dos mujeres, huyendo siempre del maniqueísmo, mostrando certeramente su personalidad poliédrica, compleja, qué disfrute dejarse seducir por su escritura. No voy a desvelar el argumento, a todos nos gustan las sorpresas.