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martes, 4 de abril de 2023

Mrs Osmond, de John Banville


 

       "Él resultó ser no la niebla sino el mismo mar, un elemento violento rodeándola por todas partes y presionando irresistiblemente la concha de su propio ser."

          ¿Qué hubiera ocurrido si Henry James hubiera nacido cien años más tarde aproximadamente y hubiera decidido escribir Retrato de una dama a la luz de la modernidad? Pues seguramente que nos hubiéramos encontrado un libro muy similar a este.

En Mrs Osmond John Banville escribe un pastiche decimonónico con gran habilidad y cultura literaria. Como hubiera correspondido a Henry James, escribe con frases largas y sinuosas, metáforas eficacísimas y un ritmo pausado acorde con las sinuosidades del complejo pensamiento de sus protagonistas.

          Es Isabel Archer  también aquí una norteamericana inteligente e ilustrada en conflicto con sus más altos ideales de liberación y realización de sí misma, pero también aquejada por el peso de su responsabilidad y de los votos que asumió al casarse con Mr Osmond. Sin embargo, su decisión final apenas tiene que ver con la de la heroína de Henry James, y eso, deduzco,  es consecuencia del lapso temporal transcurrido entre los dos libros o quizás, y aquí me aventuro en territorio desconocido, un capricho del propio Banville, quien, decepcionado por el curso que toman los acontecimientos en la historia original, decide cambiarlo de forma que sea más acorde con sus sentimientos. Es decir, incapaz Banville de soportar el destino de su admirada heroína, quizás se haya propuesto escribir un final para ella mucho más feliz a pesar de los infortunios que haya tenido que sufrir.

Es un gusto leer este libro inteligente y audaz, es un gusto dejarse llevar y sufrir con y por Mrs Osmond, es un gusto, en definitiva, volver a leer un libro de uno de los mejores escritores en lengua inglesa.

viernes, 23 de abril de 2021

Klara y el sol, de Kazuo Ishiguro


 "- A veces debe estar bien no tener sentimientos. Te envidio.

- Creo que tengo muchos sentimientos. Cuanto más observo, más sentimientos acumulo"

            "Una nunca sabe cómo saludar a una invitada como tú. Después de todo, ¿eres una invitada? ¿O te trato como a una aspiradora? Esto es lo que le dice a Klara uno de los personajes del libro cuando la conoce: la inseguridad en el trato nace de las dudas acerca de un ser artificial sumamente perfeccionado.

            Klara es una AA (Amiga Artificial) alimentada con energía solar, una de esas AA que compran los padres a sus hijos mejorados para contrarrestar su soledad. Klara es una AA muy especial dentro de las de su clase, capta y entiende las emociones humanas con facilidad, vemos cómo acierta, gracias a una inteligencia también excepcional, a comprender las emociones de los humanos con los que va a convivir y las relaciones que establecen entre ellos. De una forma inteligente a la vez que naif va desgranando poco a poco el tumultuoso mundo de la casa donde ha sido llevada: la relación hiperprotectora y culpable de la madre hacia Josie, la hija de 14 años a la que Klara ha de acompañar, la ausencia del padre, la fiel dedicación de la sirvienta, la estrecha relación de la niña con Rick, un niño no mejorado....

            Desde el principio intuimos que la enfermedad de Josie tiene que ver con su "mejoramiento" pero nunca llegamos a saber el mal que le aqueja. No importa. No es necesario. Lo principal son los temas que subyacen bajo la trama: los autómatas inteligentes que parecen van a poblar nuestro futuro, nuestra relación con ellos, su relación con nosotros. En este punto Klara parece estar más cerca de David, el autómata de AI de Spielberg, porque es un ser inocente que cree en un poder sobrenatural (el sol para Klara, el Hada Azul para David) al que pueden dirigirse y rogar buscando una solución (no diré cuál). Además de los protagonistas de la narrativa, Klara y David son amistosos, nunca se rebelan, están al servicio de los humanos y se sienten felices de estarlo:  no tienen necesidades, su plenitud reside en el servicio que puedan prestar a un ser humano.

            Todos o casi todos hemos leído Nunca me abandones, el libro que Ishiguro publicó en 2005 y que también está situado en un mundo futuro. Con Kathy, la protagonista, también comparte Klara algunos puntos en común. Si en aquella novela se creaban androides con el fin de servir de reservorio para futuros implantes de órganos a humanos, los AA en Klara y el sol son creados para contrarrestar la soledad de esos adolescentes crecidos sin relacionarse con otros, que estudian con profesores particulares a través de sus rectángulos y que asisten a fiestas preparadas por sus padres con el único fin de que aprendan a interactuar antes de ir a la Universidad. La docilidad, la amabilidad, la lealtad o la fe son algunos de los rasgos comunes entre Klara y Kathy, sin embargo Kathy muestra una suerte de melancolía que la hace vulnerable y que por tanto invita al lector a empatizar con ella, un sentimiento del que no dispone Klara y que impide por tanto que la estimemos tanto como al otro androide. O quizás no sea tanto así ya que su  traumático final nos entristece hasta lo más profundo.

            La sencillez del título, Klara y el sol, tiene reminiscencias de otros títulos de libros, libros escritos para niños en los que los autores cuentan bajo una apariencia inocente (el sol, el agua, los animales....) realidades difíciles de digerir para ellos. Klara, a pesar de ser muy inteligente, desconoce los motivos que mueven el alma humana: el amor, la ira, la tristeza, la soledad.... tampoco la muerte. Así la conocemos al principio del libro, cuando, desde el escaparate de  la tienda donde se expone, observa a los humanos y  aprende observándolos. Klara cambia cuando experimenta el mundo: aprende sobre estos sentimientos pero sigue manteniendo la actitud de un niño: la lealtad y la fe en sus mayores. Es ella la narradora y ello, contar con un narrador externo, permite al autor y a nosotros mismos encararnos con nuestras debilidades y nuestras pequeñas grandezas.

            En definitiva, siendo Klara y el sol un magnífico libro que toca temas interesantísimos, creo sinceramente que la belleza de Nunca me abandones sigue siendo imbatible.

martes, 8 de diciembre de 2020

Contemplaciones (Intimations), de Zadie Smith

 


"Hablar con uno mismo puede ser útil. Y escribir significa que te escuchen"

            Contemplaciones es una colección de seis pequeños ensayos (alguno sólo consta de un par de páginas) escritos antes y durante la pandemia, en Londres y en Nueva York, donde la autora enseña en la Universidad. En estas sencillas páginas  Zadie Smith reflexiona sobre sí misma y sobre los demás en un periodo de nuestra existencia del que con toda seguridad no saldremos indemnes. No hablo sólo de las secuelas físicas de aquellos desafortunados que hayan podido contagiarse sino de las secuelas psicológicas, no tan obvias pero no por eso menos relevantes.

            La escritora reflexiona en primer lugar sobre sí misma. Esta sobresaliente ensayista (tenéis que leer Feel Free, donde la crítica cultural brilla con más fuerza, reseñado también en este blog), que ha convertido la duda en el pedestal sobre el que construir sus magníficas intuiciones, indaga en Peonías sobre la escritura. El acto de escribir es un acto de resistencia a la vida real, dice,  un esfuerzo por controlar lo que sucede: es algo a lo que el escritor debe someterse para crear ese engañoso molde en el que presentar la ficción. Luego, en Algo que hacer, se pregunta si la vida no es sino una forma de llenar el tiempo, algo que los escritores hacen escribiendo. Sigue indagando en su experiencia personal cuando confiesa lo que significó y significa ser mujer y reconoce lo biológico y lo social como elementos que se complementan en su instancia vital. Reconoce  la curiosidad que le despierta la gente y fruto de ella son sus impresiones sobre las personas que la rodean: el hombre de manos fuertes al que acude a recibir masajes o el que se desplaza en silla de ruedas haciendo oír su versión de la pandemia.

            El penúltimo ensayo es el más largo y el de mayor crudeza desde mi punto de vista. Termina con una postdata (El desprecio como virus) donde una mirada profunda se funde con su imaginación para crear un paralelismo entre el COVID y el virus del racismo. La historia de George Floyd, que encontró la muerte bajo la rodilla de un policía, corre paralela a la del virus y pone al descubierto la enfermedad subyacente. El racismo es un virus que infecta iglesias, escuelas, anuncios, películas, libros.... Se extiende por el cuerpo hasta enfermarlo, es por tanto una enfermedad estructural cuyo DNA es la pobreza. Su falta de esperanza en que las cosas vayan a cambiar es lo que más me alarmó porque ¿qué nos queda si no es la fe?.

            De nuevo os animo a leer este sencillo librito, que os permitirá reflexionar con la autora sobre cuestiones de índole cotidiana y otras que no lo son tanto. Los beneficios de su venta, por cierto, irán a parar a una institución que lucha contra las secuelas del covid.