martes, 24 de noviembre de 2020

El infinito en un junco, de Irene Vallejo


" Montañera de anaqueles, siempre respiro a pleno pulmón cuando me asomo a esas cordilleras de papel y polvo."

            Aunque en este blog normalmente escribo sobre ficción, en esta ocasión voy a salirme de la norma porque acabo de leer este magnífico ensayo (Premio Nacional de Ensayo 2020) sobre el libro, contado de una manera tan amena que bien podría considerarse en parte un relato. Ya conocía a Irene Vallejo por sus artículos periodísticos pero ahora además sé que esta concienzuda filóloga es además una tejedora de relatos excelente, digna heredera de aquellas mujeres que devanaban historias al mismo tiempo que hacían girar la rueca.

            De El infinito en un junco podría decirse que es la crónica de un viaje, el que realiza el libro desde sus comienzos en la cuenca del Nilo gracias a la urdimbre de los juncos que allí nacían hasta la actualidad. Viajando desde el pasado hacia el presente, Irene Vallejo hace un repaso de la historia del libro al que vincula con los avatares históricos de la humanidad. Se acerca al origen de la escritura, al valor que se le daba, su hallazgo como elemento unificador, aunque en sus comienzos solo tuviera una finalidad práctica, comercial.... Dedica muchas páginas a los griegos, la gran cultura que modeló el Mediterráneo y a los romanos, la máquina bélica que llegó a los confines del mundo conocido. Se detiene particularmente en Alejandro Magno y su visión globalizadora del mundo, y con él en los Ptolomeos y el esplendor de la Biblioteca de Alejandría. Ensalza la gran labor de los monasterios al salvar el pensamiento antiguo en aquellos maravillosos códices adornados con miniaturas durante la oscuridad de la baja Edad Media y da la bienvenida a la imprenta como punto de partida para la expansión y difusión de los libros,  para la democratización de la lectura tal y como ha llegado a nuestros días.

            Otros libros se habían ocupado antes de los orígenes del libro, pero ningún autor hasta ahora había sabido darle esa estructura de relato, de cuento, que engancha desde las primeras hojas. Se aleja la autora de un estilo academicista para llegar mejor al lector, consigue escribir páginas muy amenas al contarnos los entresijos de la historia, los usos y costumbres entorno al libro de los clásicos y anécdotas interesantes ya sean por lo escandalizadoras o por su poder para abrir los ojos (para mí, por ejemplo, ha sido sorprendente saber que mis admirados Séneca y Cicerón no eran tan perfectos como yo creía). Ha sido muy interesante saber también cómo funcionaron las primeras librerías. Esos objetos preciosos por los que se pagaban enormes sumas de dinero eran objeto de deseo de ladrones y traficantes, e Irene Vallejo hace de estas y otras historias un relato, un cuento contado con la soltura de un cuentista y la erudición de una filóloga, añadiendo algunos apuntes personales e ideas propias, convirtiendo en aventura la erupción del Vesubio, la estancia en el palacio de Cleopatra o el escenario de la muerte de Hipatia.

            El infinito en un junco es sobre todo un homenaje al libro, "el más asombroso de los inventos humanos", dijo Borges. No falta aquí mención de los que predijeron la destrucción de los libros, tal y como los conocemos, pero según la autora es un error pensar que cada novedad borra y reemplaza las tradiciones. ¡Acercaos a sus páginas y disfrutad de una historia que no tiene fin!


sábado, 14 de noviembre de 2020

Vinieron como golondrinas (They came like Swallows), de William Maxwell

"Vinieron como golondrinas y como golondrinas se fueron,

Y ,sin embargo, el poderoso carácter de una mujer

Podía proteger el primer intento de  una golondrina;"

                El libro se inicia con unos hermosos versos del poema Coole Park de W.B. Yeats y precisamente son estos los que dan título al libro: They came like Swallows. Este ellos se refiere a los grandes poetas del Irish Revival de finales del S. XIX entre los que se encuentra el propio Yeats y a los cuales celebra en estos hermosos versos.

            Pero ¿cuál es la intención de Maxwell al introducir con ellos su libro? Obviamente no es la misma (no he podido encontrar ninguna relación del autor con ellos, a no ser que se trate de pura admiración, como la que sin duda sintió por Joyce, otro insigne escritor irlandés, cuyo concepto de Epifanía aprovecha Maxwell con estupendos resultados en este libro). El autor en definitiva no pretende hablar de literatura irlandesa sino de estos admirables pájaros, las golondrinas, que tienen una sola pareja a lo largo de su vida y que simbolizan por tanto el amor, la lealtad, la felicidad  dentro de la pareja.

            Estos seis versos son una entrada muy acertada desde mi punto de vista para contar una pequeña historia, que sin embargo llega a lo más hondo. Es el relato de unos meses en la vida de la familia Morison  en 1918, el año que se firma el armisticio que dio fin a la Primera Guerra Mundial y un momento álgido en la pandemia que asoló por aquellos años el mundo occidental: la gripe española. La crisis sucede con la muerte de la madre, Elizabeth, y se prolonga en el efecto devastador que produce en su familia, sobre todo en su marido, James, y en sus dos hijos, Robert de doce años y Bunny de siete. Todo el mundo ha sabido ver notas autobiográficas en este libro (Maxwell se quedó huérfano en la infancia y también para él fue un trauma), en la delicadeza y el acierto con que describe las emociones de los niños, la desorientación, la dependencia, la necesidad de cobijo que sienten. Asistimos también a hermosos momentos de la infancia de los pequeños, sus juegos, peleas, pequeñas mezquindades, a su desasosiego, a su incomprensión del mundo.... En definitiva, a la fragilidad de la infancia.

            Aparte de la sensibilidad con que relata ese mundo infantil, lo que hace a este libro tan especial es el estilo, el lirismo que despliega en las evocaciones y descripciones ya sea del paisaje, ya sea de los sentimientos, su dominio de la palabra exacta, la cadencia de la frase... todo unido a un sabio uso de los elementos técnicos de la narración: el suspense se proporciona de una forma delicada (los dos relojes nunca en sintonía que marcan el paso inapelable del tiempo, las previsiones de los familiares, los comentarios de los personajes secundarios... todo ello va envolviendo al lector, que aún a sabiendas que algo malo va a ocurrirle a la madre , sigue leyendo incapaz de soltar el libro, queriendo saber más: ¿cómo?, ¿por qué?, ¿y los niños? ¿qué va a ocurrirles? La pérdida es enorme también para el padre, las páginas finales lo tienen como protagonista. Asistimos a su dolor y a ese instante de reconocimiento que Joyce llamó Epifanía cuando comprende que Elizabeth había dado forma a su vida, con su voz, con su pelo, con sus ojos, con su sabiduría y con su amor. Estas y otras reflexiones suceden en la oscuridad de la noche, bajo la nieve que cae silenciosamente en una atmósfera más parecida a los sueños que a la realidad.

            "Quién me iba a decir a mí..." son  palabras con las que nos acercamos al final de la historia, y quién me iba a decir a mí que este pequeño libro, comprado al azar en la librería Galatea de León, iba a proporcionarme tan espléndidas horas de lectura. Ha sido doloso asistir al drama de la familia, pero no lo ha sido menos el asombro ante esta pequeña joya de la que no tenía noticia. William  Maxwell (Illinois, 1908-NewYork,2000) fue editor literario de The New Yorker durante cuarenta años y escribió varias novelas, algunos ensayos y narrativa breve, pero su prestigio se asienta sobre todo en su labor como el editor que orientó el trabajo de escritores tan importantes como J. Updike, Cheever, Eudora Welty o Mavis Gallant. En 1995 recibió los Premios Mark Twain y PEN/Malamud. So Long, See You Tomorow obtuvo el National Book Award en 1980, y será la próxima novela que lea, sin duda alguna.

 



 

jueves, 5 de noviembre de 2020

Un silencio salvaje, (Wild Quiet), de Roisín O´Donnell

 "Pero el tiempo era huidizo, y yo solo podía oír su murmullo en algún sitio más allá de mis sueños."

            Roisín O´Donnell es una escritora irlandesa muy joven, poco conocida en España pero que en Irlanda ha obtenido ya varios reconocimientos, entre ellos ser candidata al galardón Kate O´Brien, lo cual para mí ya es un gran logro, dada la admiración que siento por esta magnífica escritora irlandesa que rompió moldes allá por los años treinta. Wild Quiet fue escrito en 2016 y es su primera incursión en el relato corto.

            Lo primero que nos sucede a medida que vamos avanzando en el libro es constatar que casi todos los cuentos giran en torno a una situación problemática diferente marcada por su actualidad: los dos hermanos nigerianos que se encuentran con una trampa mortal a las afueras de Dublín, la mujer española que espera en Sevilla a su hijo desaparecido al nacer, la niña somalí traumatizada por los campos de refugiados, la mujer brasileña que viene a Irlanda por amor y se empeña en aprender irlandés en su deseo de integrarse mejor, la pérdida de un hijo... Cobra obviedad también que casi todas las historias son contadas desde la perspectiva de una mujer o de un niño (solamente dos, When Time Streches y Kamikaze Love, son contadas por hombres, y la primera vuelve a estar relacionada con un trauma infantil). Resulta llamativo también la variedad geográfica del espacio en el que se desarrollan: Irlanda en primer lugar (el hermoso paisaje de la isla se describe con amor, con un lirismo a veces enternecedor) pero también Madrid y Barcelona, la isla de Java, Brasil... En un deseo creo que consciente de contar la nueva variedad cultural de Irlanda que la emigración ha traído, su riqueza y sus problemas: la desconfianza de los isleños hacia lo que viene de fuera o directamente el racismo. Aunque por otro lado parece más centrada en analizar el choque que supone  la adaptación cultural para  los niños y familias venidos de fuera, como se muestra en Cómo ser millonario, Crushed o Wild Quiet, que da título al libro. 

            Las historias contadas por mujeres tienen como tema principal la familia, el amor o los hijos: el dolor de la maternidad perdida en Corazón de Titanio o el hijo como medio para acabar con la soledad de una mujer socialmente exitosa en Sobre Cosmología. Las mujeres son protagonistas, pero no lo es menos el lenguaje. Acierta la autora al utilizar la lengua propia de cada comunidad para fortalecer la sensación de verismo que despiertan las historias donde lo onírico o lo surreal  son protagonistas. Palabras en español, irlandés, nigeriano o somalí florecen en medio del inglés con fuerza propia y contribuyen a crear la magia de la que se alimenta la ficción.

            Quizás lo que más me ha gustado es la originalidad de la forma en que ha contado sus  historias: en la última que he mencionado, Sobre cosmología, hace que la protagonista hable con el cigoto que se aloja en su vientre, en Corazón de Titanio, es la propia ciudad, que se funde, la que habla del corazón destrozado de la mujer por la pérdida de su hijo... En el caso de Amor kamikaze y  Paisajes Infinitos son los fantasmas los que dirimen el desenlace del argumento...

            Además está su originalidad estilística, Roisín escribe con hermosas imágenes y metáforas que se convierten en parábolas en el caso de Corazón de titanio, deja sitio para lo onírico en La muerte y el arquitecto, sobre Gaudí y la construcción de su catedral, además de dar voz a los muertos en Amor Kamikaze  y en Los recuerdos de Ebenezer, sobre el conflicto de Irlanda del Norte.  Este gusto por lo onírico o lo telúrico parece nacer de la mitología irlandesa, dejar esa puerta abierta está dentro de la tradición de un país donde este mundo tiene una realidad propia y así no es de extrañar que el protagonista de Amor Kamikaze esté convencido de vivir con el fantasma de su novia muerta. Estas creencias antiguas, tradicionales corren paralelas a las que aportan los emigrantes africanos, la madre que en Paisajes infinitos está convencida de haber dado a luz a una niña abiku, una niña especial, que guarda el alma del bebé muerto antes de nacer ella. También ligada a la tradición escrita irlandesa está el amor al paisaje, que figura como un personaje más; tal es su importancia que afecta a la vida de los demás personajes, lo describe con una precisión asombrosa a veces y otras de un modo subjetivo: liviano, prístino, aéreo, sinestésico, más sentido que percibido. La niebla del paisaje irlandés, la que deja entrever o permite anticipar, imaginar,,, Imaginad ahora que tenéis este libro en vuestras manos, leedlo; es de una autora que promete.

domingo, 18 de octubre de 2020


 

Basilisco, de Jon Bilbao

"Todo era motivo de asombro y confusión"

            Jon Bilbao, y voy a hablar de un autor insuficientemente reconocido aunque se trate de uno de los mejores cuentistas españoles actuales, consigue escribir con Basilisco (Impedimenta, 2020) un magnífico libro a medio camino entre la ficción y lo autobiográfico, entre el presente y el pasado.

            El presente es  la historia de un ingeniero que se traslada a California donde conoce a su futura mujer, Katharina,  y todo el proceso que lleva a la disolución del amor y a su vuelta a España en busca de sus raíces, de su infancia. El pasado es John Dunbar, un antepasado de un compañero de trabajo de Katharina, que encarna lo más genuino del Oeste americano: trampero, buscador de oro en Virginia, veterano de la guerra de Secesión, guía de una extraña expedición cultural al desértico territorio de los mormones.... Dunbar es un hombre huraño, violento y temido. Sus andanzas por esos desérticos parajes y el uso de lo onírico y la metáfora recuerdan inevitablemente al Meridiano de Sangre de Cormac McCarthy (como han sabido ver también otros lectores; en universodepocos.blogspot encontramos también referencias a este detalle) y de la misma forma que en este magnífico libro, en Basilisco el desierto se convierte en un personaje más, un espejo de su protagonista, de su desolado e inhóspito  interior, de su vacío, de su crueldad. Basilisco es como lo llaman, un nombre mítico para un hombre que se ha convertido en leyenda.

            Bilbao es un gran renovador del cuento, territorio ya de por sí libre, pero agrandado ahora con una narrativa que mezcla la historia, el ensayo, la fantasía, el terror o la ciencia ficción en una prosa sencilla y desnuda, con la que el autor pretende crear un falso sentido de objetividad, hacernos creer en un narrador fiable y honesto que no nos defraudará. Y no lo hace. Basilisco se puede leer como un conjunto de relatos o como una novela, no importa, lo importante es entrar en ese mundo imaginario, en esa cueva de la infancia donde se guardan prodigios insospechados.

            Basilisco es el último libro de Jon Bilbao, no sé si el mejor, pero os recomiendo su lectura; es una oportunidad excepcional de acercarse a su mundo narrativo, a un escritor que se caracteriza por su ambición de narrar, de contar y este gusto se nota, y se lo agradecemos.

 

 

lunes, 12 de octubre de 2020

La ciudad solitaria, de Olivia Laing


"Muchas cosas han surgido de la ciudad solitaria: cosas forjadas en la soledad, pero también cosas que funcionan para redimirla."



 La ciudad solitaria (Capitán Swing) es el tercer libro de la escritora inglesa Olivia Laing.  Como en sus libros anteriores, To The river: A Journey Beneath the Surface y The Trip to Echo Spring: On Writers and Drinking (Ático de los libros), mezcla investigación, análisis y biografía; como ella misma dice, hubiera sido difícil conectar con estos artistas si no hubiera pasado por la misma experiencia, el problema del alcohol en su familia o su propia experiencia de la soledad en una gran ciudad después de ser abandonada abruptamente por su pareja. Comienza el libro preguntándose cómo conectamos con otra gente. Sin ser ni la única ni la última persona en hacerse esta pregunta, ella se dispone a averiguarlo a través de las artes visuales y limitándose al entorno de la ciudad. Lo hará en ocho capítulos a través de diversos  artistas.

            Laing construye su libro mezclando sus propias vivencias, su soledad en la ciudad de Nueva York, con la vida de estos artistas con los que comparte infancias tristes o solitarias, familias desestructuradas o entornos hostiles para el crecimiento en un intento de explicar la compleja relación entre la soledad y el arte. En una feliz metáfora, la autora define la soledad como estar hambriento cuando todo el mundo a tu alrededor está preparándose para un festín y reflexiona sobre cómo el sentimiento de vergüenza y alarma que proyecta el solitario, y su consciencia de ello, hace que se sienta más aislado todavía, más solo y distanciado.

            Laing comienza con el famosísimo Edward Hopper, de quien se dice que es el pintor de la soledad, entendida en este caso como estar expuesto al tiempo que aislado de los demás; expuesto a su juicio, particularmente cuando estar solo se siente como raro o extraño.  Nighthawks es un buen ejemplo de esta visión, los protagonistas del cuadro están completamente aislados unos de otros y al mismo tiempo expuestos como en un acuario a la mirada de otros.

            Continúa con el no menos famoso Andy Warhol, en el que reconocemos la soledad del que se siente no deseado, del que es excluido de los círculos sociales. Para el hijo de unos inmigrantes judíos, tímido, gay y poco agraciado, sentirse singular no fue una gran hazaña, sí lo fue convertir su vulnerabilidad en virtud y pasar a ser el artista más deseado de underground neoyorkino. Su uso de la tecnología para llegar a los demás sin verse expuesto lo convertiría en un adelantado del hiperconectado mundo actual.

            La soledad de David Wojnarowic, igual que la de  Henry Darger, proviene de su pasado, de una infancia abusiva, de una soledad lacerante unida a la que se impuso a sí mismo al ver sus deseos como únicos y vergonzantes.  A Henry Darger además lo convirtió en asocial y lo llevó a crear un corpus artístico sobre cuya moralidad la crítica todavía hoy no se pone de acuerdo. Al hablar de Klaus Nomi  vuelve a incidir en las consecuencias devastadoras que tuvo para la comunidad gay el sida, la soledad producida por el estigma y el abandono de la sociedad. Zoe Leonard le sirve para tratar el tema de la soledad y la pérdida, dos cosas que van íntimamente ligadas: "La existencia física es solitaria por naturaleza, metida en un cuerpo que avanza inexorablemente hacia la decadencia"

            La autora cierra su análisis aseverando que el arte no tiene que tener una función reparadora, como tampoco la tiene que tener de ser hermoso o moral, la cura para la soledad radica en estar bien con uno mismo y reconocer que hay elementos procedentes del exterior que nos afligen y excluyen contra las que debemos luchar: no debemos avergonzarnos de reconocer que necesitamos a los otros. Hay que normalizar la soledad, combatir el estigma y la vergüenza que rodea al que está solo, viene a decir, sin embargo no lo hace  hablando de la soledad de las personas comunes, sino de aquellas estigmatizadas por el sexo, la infancia o la sociedad, y cómo eso se ha visto reflejado en su obra artística. En este sentido comprendo que los lectores que fueran buscando verse reflejados aquí se hayan sentido decepcionados, Laing ha preferido indagar en seres especiales, artistas, gente dotada de una sensibilidad extrema para ver y sentir de una manera más penetrante, para convertir su intimidad en una obra de arte. Es un libro que ha conseguido gran aceptación por parte de crítica y público y que ya va por la segunda edición en esta jovencísima editorial tan comprometida con la crítica y el pensamiento.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Frankisstein, de Jeanette Winterson

                  "El futuro lleva siempre algo del pasado"

         La última novela de Jeanette Winterson hace su aparición en un momento en que la Inteligencia Artificial (AI) se ha convertido aparentemente en motivo de reflexión para la novela británica actual. Hablo de Murmur (2018) de Will Eaves o Machines Like Me (2019) de Ian McEwan, también reseñada en este blog.

         Frankisstein es una novela compleja en la que corren paralelas dos líneas temporales y de pensamiento: el Romanticismo del S. XIX y el Voluntarismo de la época actual. El paralelismo entre el creador del famoso monstruo y del que se pergeña en este futuro por venir se advierte ya en sus nombres: Victor Frankenstein deviene Victor Stein, el profesor que defiende un futuro en manos de la inteligencia artificial que se programará a sí misma (lo hace en Memphis, que se fundó en 1818, un  año antes de que se publicara Frankenstein; el libro está lleno de referencias de este tipo).

         Con la voz de Mary Shelley nos adentramos en aquellos turbulento tiempos tras la Revolución francesa y los cambios de todo tipo que trajo consigo: el deseo de libertad sobre todo, en el caso de la mujer también (tristes son las reflexiones de Mary al respecto con el paso del tiempo). Ya todos sabemos cómo con tan solo diecinueve años huyó de casa con su hermanastra Claire, el doctor Polydori, Byron y P.B.Shelley, los renombrados poetas del romanticismo inglés. De todos es sabido también cómo encontrándose a orillas del lago Lemán en una noche de tormenta, Mary propuso escribir la historia más terrorífica y cómo de ese desafío nació el monstruo universalmente conocido.

         Como Victor Frankestein, Victor Stein aspira a crear vida nueva, pero esta vez dejando de lado el cuerpo corruptible y exigente (sólo es el soporte del cerebro; la criogenización es una pérdida de tiempo, nadie sabe cómo recuperarlo), sería suficiente con descargar en el sistema nuestro cerebro, de este modo la vida eterna sería una realidad. "Sólo somos datos", asegura a Ry Shelley, el doctor transexual, híbrido, como él se denomina a sí mismo, del que se enamora precisamente por su cuerpo/mente de bordes imprecisos, esa fluidez, ora masculina, ora femenina, que lo hace tan especial. Ry, que se reconoce también como transhumanista, ha alterado su cuerpo para adaptarlo a su mente, a su cerebro; "el cerebro es más amplio que el cielo" dice la cita de Emily Dickinson que la autora utiliza como prefacio a un capítulo/sección(?).

         Janette Winterson ha realizado un trabajo fantástico, ha creado una novela estructuralmente innovadora y sustancialmente profunda. Profunda porque analiza la naturaleza de la consciencia, la vinculación entre la mente y el cuerpo, la locura (el apartado dedicado a Bedlam es angustioso y en él crea un juego de espejos: metaliteratura en estado puro), reflexiona sobre el concepto de realidad y la esencia del amor, sobre los avances tecnológicos y las disyuntivas morales que nos crearán, explora la sexualidad y la comprensión de la identidad múltiple y si para ello lo necesita, no duda en hacer referencia a Ovidio y sus Metamorfosis, a Pigmalión y Prometeo, a Virginia Woolf y Margaret Atwood, a Darwin y Turing, a elementos de la cultura popular como los superhéroes del cómic, Talking Heads, Los Eagles, Blade Runner... El soneto 53 de Shakespeare y los versos de La canción de Ariel (tallados en la tumba de Shelley en Roma) de La Tempestad sirven de prefacio también a sendos capítulos.... Tengo que reconocer que la referencia al movimiento Me too y la deriva que toma me trastornó. En medio de temas tan profundos hay momentos para la risa, el sarcasmo (las menciones al creador de Facebook, Trump o Bolsonaro) y la parodia. El final del relato a cargo de Ry es un capítulo de una comedia en el que el científico loco, rodeado de todos los personajes de la trama, manipula el artefacto de su invención sumiéndolos en la oscuridad y el temor a la muerte. Las referencias a un concepto de la religión mercantilista en boca de Claire, la búsqueda de la exclusiva periodística en Polly(dori) y el machismo del adinerado Ron Lord(Byron), dejan a nuestro narrador (ma)Ry Shelley como la única inteligencia superviviente en medio de la locura generalizada.

         La historia que cuenta Mary Shelley acaba cuando ya en la edad adulta recibe la invitación para un banquete donde conoce a Ada Lovelace, la hija que Byron quiso educar lejos de la literatura, que se convertiría en la gran matemática que inventó la programación. La ciencia y la literatura unidas, dos mujeres libres gracias a su inteligencia; ¿sabía Byron que ambas palabras, libre y libro, proceden de LIBER en latín? Seguramente sí. Y también él, como Victor Stein sabía que leer es la única forma de entender.

 

sábado, 1 de agosto de 2020

Niña, mujer, otras, de Bernardine Evaristo

 
   "... y que lo que somos es parcialmente una respuesta a cómo nos ven..."

         Niña, mujer, otras compartió el Premio Booker Prize 2019 con Los testamentos de Margaret Attwood, una secuela de El cuento de la criada (también reseñados en este mismo blog), que volvió a ser leído gracias a la exitosa serie del mismo nombre. Después de haber leído el libro de Evaristo, se hace evidente que ambos libros comparten una atención a temas de índole feminista, que en el caso del libro de Evaristo se extiende además a otros como la raza o el choque generacional.

         Bernardine Evaristo ha escrito una novela polifónica en la que se cuenta las historias de varias mujeres (principalmente negras o mestizas) y en diferentes décadas de los siglos XX y XXI. En el devenir del tiempo los personajes se entrecruzan y establecen vínculos que reaparecen más adelante, creando un tejido denso y consistente que va envolviendo al lector hasta llegar al final, cuando la luz se enciende y los personajes quedan expuestos: sabemos entonces a través de una prueba de ADN quién es la hija perdida de Hattie, por qué la virtuosa Shirley obtiene sólo una recompensa parcial, la frustración de Roland al no conseguir el elogio de la persona que más ama: su hija...  ¡Pero estoy empezando por el final!

         Volvamos al principio. En este "tour de voces" la voz de Amma es la primera en oírse y de alguna manera el hilo maestro que teje la novela. Amma es una mujer de mediana edad feminista, negra y lesbiana que dirige una compañía de teatro fuera de los círculos convencionales; es un teatro de denuncia y protesta que incomoda a las élites y que por tanto no alcanza reconocimiento a nivel nacional. Sin embargo, actualmente, la encontramos presentando en el Teatro Nacional de Londres La última amazona de Dahomey. Entre el público se encuentran Roland, su amigo gay y padre de su hija con sus amistades, las amistades de la propia Amma y algunos otros personajes que han asistido por diferentes razones pero que de una u otra manera están ligados a ella: por ejemplo, Carole fue la alumna predilecta de Shirley, que es la amiga burguesa de Amma, que es la madre de Yazz, que admira a Megan/Morgan, que es bisnieta de Hattie, que es madre de Penélope, que ha contratado a Bummi, que es madre de Carole...

         Resulta muy interesante leer la experiencia de estas mujeres y hombres, llegados desde las antiguas colonias (Nigeria, Sudáfrica, el Caribe, Etiopía...) en los años cincuenta y sesenta a una Inglaterra clasista, racista y patriarcal. Después nacen sus hijos, la segunda generación de inmigrantes, en general exitosa si saben adaptarse a las reglas, que remueven los cimientos de esa sociedad gracias a un poco de rebeldía y a un mucho de trabajo duro. La autora nos habla de la riqueza cultural que trajeron con ellos al tiempo que, seguramente la mayor parte de las veces de manera inconsciente, introducían una cuña que hizo tambalearse las columnas de esta sociedad dormida. La sociedad inglesa actual, viene a decir, se ha hecho más abierta, más expansiva, más debatible y autoconsciente, gracias a la diáspora africana que se ha mezclado con su sangre.

         Los personajes conversan, reflexionan y de alguna manera se convierten en portavoces de muchos asuntos de interés nacional. Se critica la política educativa y se alaba el poder de la educación para cambiar vidas a través de Shirley, se hace historia del movimiento feminista con Penélope, que reflexiona sobre cómo encajar el matrimonio dentro del feminismo, se aborda el tema del género trans con Megan/Morgan, que defiende el sexo no binario (gender-free) y nos ilumina en la difícil distinción entre lo heredado y lo aprendido. El Brexit es motivo de reflexión para Roland. Con Yazz y sus amigas estamos ante un tipo de jovencitas muy actual: libres de los condicionantes de clase, sexo y religión, herederas de los logros de la generación anterior, únicamente persiguen una carrera que les asegure su bienestar en el futuro. Con Dominique llega Nzinga, que personifica lo que toda mujer (¿feminista?) aborrece en un hombre: es controladora, dominante, obsesiva, manipuladora ("solamente una mujer negra puede amar verdaderamente a otra mujer negra") agresiva y finalmente violenta. Carole, vicepresidenta de un banco en la City, es la viva imagen del éxito pero a costa de cambiar completamente y olvidar sus orígenes. Creo, sin embargo,  que el asunto que más sólidamente permea el libro es el racismo. Todos los personajes en diferente medida lo han sufrido: Amma en el teatro, Bummi en el bus, Lennox con la policía, Hattie en la Inglaterra rural del norte del país....

         Son doce historias en total, doce historias que conforman un mosaico de la sociedad inglesa moderna vista desde la perspectiva de doce mujeres (mayormente negras, algunas lesbianas, bastantes de ellas inconformistas) contadas por Bernardine Evaristo con un evidente cariño hacia sus personajes. Es una escritura vibrante, irónica a veces, otras poética, humorística también. Un escritura veloz gracias a los continuos cambios del punto de vista narrativo, creíble (asombroso el oído de la escritora para reflejar las diferentes hablas y el argot  de la calle, de los inmigrantes, de los jóvenes... ) y variada ( personajes de todas las edades, diferente escala social, diferente orientación sexual....) ¡¡Me encantó los comentarios sobre los zapatos de tacón!! (p. 140). Está escrita la novela en un continuum, sin puntos ni mayúsculas, siguiendo una pauta que favorece una lectura fluida y vivaz.  Precisamente esta misma fluidez favorece la continua vuelta de los personajes a su pasado y que éste se fusione con el presente de todos ellos, cohesionando así una novela de estructura compleja y acertada  resolución. (Cada capítulo está formado por tres personajes; los dos primeros son familia y el siguiente permanece libre para ampliar o redondear la unidad del mismo).  

         Si a la autora le costó seis años escribir esta novela como he leído, a nosotros, sus lectores, nos costará una semana leerla; es un libro apasionante, un auténtico page-turner. Os enganchará.